Que mueve realmente a estas personas a perder su verdadera capacidad de reconocer a su yo-real, y presentar la “máscara”, una “cubierta” que los inhibe de los sentimientos ajenos y propios, figurando en cada momento un comportamiento teatral, adoptando en su propio escenario una aptitud de imagen ideada, centrando la atención en el único personaje que ella reconoce, a si mismo y el público que necesita para idealizarse.
En el teatro de la vida solo existo yo. Mi meta es saber que mi público está ahí, pendiente de mi actuación, mas allá de esto, todo se ve vacío, simple sin vida.
La presentación ha de resultar siempre exitosa y todo debe adaptarse y estar preparado a tal efecto. Los observadores, mi público no cuentan, solo su atención y atracción a mi persona dentro del escenario, será fijado y dispuesto como meta, ese debe ser el fin. La vida existe desde el momento que yo doy forma y sentido a los personajes y ellos dan cuerpo y alma a cada una de mis representaciones de la vida diaria.
Es curioso aunque triste, que su verdadera esencia como ser integral y universal, halla sido sustituida por una cubierta fría y calculadora. Yo soy, y doy forma a lo que necesito presentar a los demás, ellos me deben ver como yo quiero, de ello depende mi subsistencia y supervivencia, todo lo que me rodea está inerte, sin vida. Yo les doto de cuerpo movimiento, ellos estarán, tan solo para mí, si mi escenario estuviera desierto, sería yo el que no tendría razón de existencia y mi fin sería terroso, sin color, sin sentido. La imagen que yo materializo, sin público, negaría mi destino.
Hay diferencias marcadas, entre las personalidades Narcisistas y teatrales, sin que nos aparte en ningún instante de sus muchas similitudes. El Narcisismo, es una negación continua de su yo-real, que es sustituida por el yo-idealizado y que la persona trata de mantener como sostén a su propia subsistencia. La imagen ha sido prefabricada para ocultar el miedo a reconocer su verdadera identidad, evitando su enfrentamiento.
El teatral sin embargo, la imagen es presentada como poder de atracción hacia su público. Su frialdad se debe a la falta de vida que transmite a los personajes y a la gente que la observa, pero que el/ella necesita para cada una de las interpretaciones. Su Narcisismo, más que una potenciación de la imagen y miedo a reconocer su verdadera realidad, va dirigido a la representación teatral. Su frialdad ha bloqueado los sentimientos y disfrazado al mundo que revive en su escenario de manera continuada, con sentido teatral, hecho que para el/ella la vida representa. La manipulación de las cosas que componen su entorno, la disposición para la orientación y la escena, la llevaran a conformar y disponer pautas marcadas en base a esta orientación y a veces por la ignorancia y bloqueo que esto representa, a auto dirigirla, no siendo plenamente consecuente al daño y dolor de los sentimientos ajenos.
Si puedo potenciar lo que deseo, el público, mi público, sabrá de mi obra y representación. Debo, estoy obligada a idealizar y potenciar todo lo que está cerca y sujeto a mí. Su yo idealizado debe ser mantenido y protegido en todo momento. En mi escena, mi obra, no caben debilidades, ni otra respuesta distinta a lo que yo necesito, desde el primer instante que da comienzo una nueva actuación.
Estas personas son vistas en sociedad como muy especiales, de aire señorial, decidido, majestuoso y distinguido, verdaderamente son débiles, sobre todo la hora de cubrir sus necesidades materiales, de las que son muy dependientes, para dar color a un cuerpo, a las que se ven sujetas y atrapadas. Su alma se halla emparedada y su espíritu vacío. Son esclavas de esta influencia, los sentimientos han sido bloqueados y sustituidos por la escena en su interpretación teatral, teatro de la vida. Si no se dan cuenta a tiempo, su existencia estará conducida y dañada por esa manera de representación y los verdaderos sentimientos hacia si misma y resto de sus semejantes, no serán considerados, si no negados.
La paradoja de todo esto es, que su imagen y representación puedan ser dañados en muchos momentos de la vida y tomar plena conciencia de ello, pudiendo llegar a un estado tal, en que los personajes que constituyen su público no se vean reconocidos por el propio actor y ello lleve a este a un declive y como toda representación, que pierde interés, se vea anulada, muerta y seriamente dañada al no ser vistas como tal por los interlocutores. Es necesario que se percate a tiempo y sea rescatada el alma que permanece oculta y se comprenda a tiempo que la imagen real y viva es aquella que se acepta tal es y está al servicio de si misma y el resto de sus semejantes.