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| Comsumismo: el compañero diario |
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De todo el empeño que ponemos en el trabajo, no hay mejor recompensa que disfrutar lo que hemos hecho con (y/o gracias a) él. La mayor satisfacción de una persona es disfrutar los frutos de su trabajo. Aunque veamos muy lejana la mentalidad usada en la Revolución industrial, vivimos con ella. Actualmente, en nuestro mundo de consumismo, todos buscamos trabajar para satisfacer nuestras necesidades y “ser felices”. Pensamos que con el simple hecho de tener un buen empleo, llevar sustento a casa, y comprar lo que nos gusta es suficiente para tener una vida plena. ¿Y qué tiene que ver la Revolución Industrial? Desde este movimiento se les trató de inculcar a los trabajadores u obreros una manera de trabajar en la que la obligación y/o el deber lo son todo; al comienzo de la revolución se dieron cuenta de que las máquinas los iban a desplazar y quitar puestos que éstas desempeñaban con mayor velocidad, eficiencia, etc., es por eso que los trabajadores comenzaron a dar todo su potencial al trabajo, dejando el ocio, y en ocasiones dejando lo que realmente querían o deseaban. Como bien dice la siguiente frase, lo que tuvo lugar: “Una batalla para obligar a los trabajadores a aceptar, en homenaje a la ética y la nobleza del trabajo, una vida que ni era noble ni se ajustaba a sus propios principios de moral.” (Bauman) Todo esto se trata de lo que hoy en día conocemos como la ética del trabajo, lo que para mí significa una serie de lineamientos que tenemos que respetar o seguir para así desempeñar con éxito nuestra labor. Lo que nos enseña la ética del trabajo es a poner el deber por encima de todo, viendo el ocio como algo cercano al pecado, es decir, algo “prohibido” y además muy malo. Yo considero que el ocio, como todo en exceso, es malo. Pero tener un tiempo de ocio cualquier persona lo disfruta, y más si es algo que nos guste hacer, algo que nos haga felices. Si bien esta ética nos enseña a ser más responsables, o a tener en cierto modo un poco de ambición, cierta “hambre” de querer más, y superarnos, la apoyo; pero va más allá de esto, esta ética nos lleva a un verdadero desastre, pues más allá de darnos ganas de superación, nos da una mentalidad en la que no debe existir nada por encima del trabajo; una mentalidad que logró hacer que todos pensáramos que lo más importante es querer más y más, y con la que aprendimos a no ser conformistas; lo que por un lado está bien, pero no del modo obsesivo como lo estamos viviendo. Ahora vivimos queriendo ser los mejores, a toda costa, sin que nos importe el prójimo, actuando y tomando decisiones sin pensar en los demás; teniendo una actitud individualista en la que sólo importan nuestros intereses y en la que nada nos importa quitar del camino o afectar a alguien, con tal de obtener lo que queremos. Al colocar el deber por encima de todo, nos estamos privando de muchas cosas que probablemente el trabajo no nos brinde. Porque después de todo el esfuerzo que hacemos, nuestros objetivos ¿cuáles son?, ¿cuál es nuestra meta? Tener el mejor puesto, poder comprar todo lo que esté a nuestro alcance, “ser felices”. Comenzamos obteniendo un trabajo al que entramos con el propósito de llegar a la más alta posición de la empresa, seguimos por “derribar” o quitar de nuestro camino a cuanta persona nos estorbe para llegar a ese puesto, nos olvidamos de compromisos ajenos al trabajo que nos puedan quitar tiempo, como asuntos familiares y demás asuntos ajenos a nuestro objetivo. Incluso nos olvidamos de nosotros mismos, dejando a un lado nuestros intereses, pasatiempos, etc. con tal de obtener eso que tanto deseamos, y lo deseamos porque pensamos que es lo que “debemos” hacer para poder estar contentos o satisfechos. Creemos que es nuestra misión, trabajar todo el tiempo y satisfacer a nuestras familias con ello, sin darnos cuenta que los menos contentos son ellos. Pensamos que al final seremos recompensados o aclamados, que nuestro trabajo será reconocido por muchos; pero ¿qué tan reconocido puede ser?, ¿será tan importante obtener un diploma, un papel que reconozca nuestro trabajo, dinero, un auto? ¿qué puede ser tan valioso como para dejar a un lado nuestra vida? Porque eso es lo que estamos haciendo. Miremos a grandes empresarios, la mayoría de las veces son nuestros ejemplos a seguir, es a donde queremos llegar; mirémoslos bien, ¿tienen vida? sí, ¿son felices? puede ser, pero miremos a los que están debajo de ellos, no dudo que absolutamente todos tengan altos problemas de stress y una relación que probablemente no sea excelente con su familia, y seguramente no tienen un pasatiempo ni hacen algo que los haga verdaderamente felices; ¿por qué? por falta de tiempo. Podemos pensar que aunque trabajemos 8 horas al día, cinco o seis días a la semana, es suficiente y es lo que “hacemos”, pero en realidad trabajamos cerca de dieciséis o más horas al día siete días a la semana. Es la verdad, hagamos cuentas de cuánto tiempo estamos resolviendo cosas del trabajo aunque no estemos en una oficina, estando en nuestras casas, todo el tiempo estamos pensando cómo resolver un problema, cómo mejorar algo, cómo acabar con ese pendiente que tenemos en el trabajo, y un sinfín de asuntos que aunque salgamos de la oficina o lugar de trabajo no dejamos de pensar en ellas. ¿Y dónde quedamos nosotros?... difícil responder. El error que seguramente la mayoría tenemos es que pensamos que es nuestra obligación y es normal trabajar tan duro, porque de otra manera no nos superaremos y entonces sería ser mediocre. ¿Ser mediocre es dedicar un poco de tiempo a nosotros mismos? Por otro lado, no siempre tener mucho dinero y bienes materiales es reflejo de felicidad, puede llenar vacios, y probablemente nos dé felicidad, pero es una felicidad tan momentánea como comer pastel de chocolate, una vez que se acaba o te empalaga, ya no eres feliz. Así los bienes materiales, los tienes y te hace feliz saber que los pudiste obtener gracias a tu trabajo, te hace feliz presumirle a los demás que lo obtuviste por tus logros, pero ¿y después qué? Muchas veces no depende de nosotros estar atados al trabajo, pues dependemos de superiores, y si ellos tienen la mentalidad de la ética del trabajo, no habrá más remedio que hacerlos cambiar su manera de pensar, cambiar de trabajo, o seguir siendo esclavos de algo en lo que no creemos.Sabemos que tenemos responsabilidades y más al tener un trabajo, pero considero que si hay una buena organización, hay tiempo para todo. Quedarte con lo que tienes si te hace feliz no es ser mediocre. No trabajar el día entero no quiere decir que seamos conformistas ni que nos queramos quedar estancados, simplemente si estamos bien con lo que tenemos y eso nos hace felices, entonces no hay razón por la cual sufrir.No pensamos en que la vida sigue sin que ésta nos pregunte si queremos que siga, y cuando nos demos cuenta será tarde y ya ni siquiera estaremos trabajando. Muchas veces por la ambición en el trabajo daremos prioridades que probablemente sean incorrectas. Tenemos que cumplir con nuestras obligaciones, pero no queramos solucionar el mundo en un día, un mes o un año. Debemos buscar la manera de insertar el trabajo en nuestra vida, no dejar que la vida gire en torno al trabajo, porque si el trabajo lo es todo entonces no habrá un momento para nosotros mismos. Y la felicidad será algo superficial, que a final de cuentas con tanto trabajo no se logró. ¿Realmente somos felices con lo que hacemos? ¿Realmente le dedicamos el tiempo suficiente a nuestro ser y a nuestra felicidad?
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09 Mayo 2011.
22 Mayo 2012 <http://www.editum.org/Comsumismo-el-companero-diario-p-5647.html>.
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(2011,Mayo 09).
Comsumismo: el compañero diario. Editum.org.
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2011
Comsumismo: el compañero diario. Editum.org (Mayo, 09),
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(accesado en Mayo 22, 2012
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