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Creer o Reventar
Creer o Reventar
por Mónica Gervasoni
Número de Palabras: 792   Comentarios(0)
 
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Creer o reventar. 24/01/2008 23:42:13

Hay dichos populares que apoyan la teoría de que hay cosas que exceden la explicación lógica y racional.  Y que depende de nosotros creerlas y tener fe en ellas o no. Por ejemplo, ¿se puede medir hasta que punto un ser humano es dueño de su propia vida y de su decisión de morir o de vivir?  Hasta, semejante enunciado, nada más, las dudas de mis ganas de creer que el ser humano tiene un condominio de su vida compartido con su propio Destino, Dios, o la vida y la muerte, como dos caras de la misma moneda.  Pero, hubo hechos de personas muy allegadas que me demostraron y que me sembraron más fuerte, aún, la duda de que la voluntad del espíritu, del alma, o del interior de un ser humano, pueda postergar, acaso, la fecha de una muerte anunciada.  Frente a enfermedades terminales que en algunos diagnósticos hasta tienen la desfachatez de poner fecha de vencimiento a la existencia humana que la porta.

Mi padre era de carácter muy fuerte.  Y se sabía capaz de dominar muchas cosas que se le presentaran.  Se midió mano a mano con la inflación, la desesperación de pagar el alquiler y que con dos trabajos no alcanzara, con la adicción al tabaco, y salió victorioso.  Al alcohol  siempre lo tuvo a raya, y hasta luchó cuerpo a cuerpo, con un toro de quinientos kilos como fue la diálisis, hasta que su corazón y sus años dijeron basta.  El se puso muchas metas a lo largo de su vida y las cumplió una por una, la gran mayoría.  Y se despidió con un muestrario de lo que era capaz su fuerza de voluntad.  La última fue, “no viví tanto para no ver el cambio de siglo.  El nuevo milenio, el 2000”.  Sus riñones lo tenían a maltraer y lo obligaban cada vez más seguido a una excursión y estadía en un hospital zonal, pero así y todo, herido de muerte por una enfermedad Terminal, dolorido de cuerpo y alma  vivió para verlo, contar los maravillosos fuegos artificiales que iluminaron la que seguramente sería su morada definitiva, su cielo, y después murió.  De la señora Silvia supe muy poco.  Pero una intuición cruzada en el medio del pecho me avisaba que empezaba a admirarla, desde el primer momento en que la conocí.   Sentimiento que se extendió más allá de los límites de su abandono de este mundo.  Enfundada en unos tacos altos.  Dueña de una elegancia que la distinguió siempre, ella iba adelante, contra viento y marea.  Docente.  Dueña de una sabiduría única que dan los libros y la sapiencia de la experiencia de lo vivido.  Ella siempre dijo a quien quisiera escucharla.  Y las primeras que quisieron hacerlo fueron sus hijas, sus hijos y demás.  Yo me voy a comunicar con uds. Cuando no esté más en esta vida.  Lo decía porque estaba convencida que podría lograrlo.  Una enfermedad la sorprendió, traicionera, por la espalda.  Su dignidad para luchar contra lo que se apoderaba de su cuerpo, con falda, capas y espada no tuvo nombre.  Pero perdió.  Ni siquiera por nock aut, sino por puntos.  Pero al mismo tiempo que supo de su destino, también supo que un nieto venía en camino.  Y primero se convenció a si misma, “no voy a entregar mi vida, hasta conocerlo”.  Defendió su lucidez hasta último momento.  Entre navidad y el año nuevo que comenzaba, se estrenó la vida de Facundo. La flamante abuela ya estaba de reposo en reposo, forzoso.  Pero la emoción, cuando le avisaron que el nuevo ser estaba por nacer, fue el combustible para recobrar fuerzas.  Cuando supo que la mamá estaba en trabajo de parto.  Suspiró, sabía que su promesa iba a ser cumplida.  Como tantas otras en las que había empeñado su palabra.  Cuando se lo pusieron en sus brazos, débiles para seguir luchando pero fuerte para sostenerlo, parte de su misión había sido cumplida.  Abuela y nieto fueron presentados.  Ahora podía irse en paz.  Sin embargo, alcanzó a despedirse de muchos.  Y desde aquel día, su presencia, se hace notar.  Cuando se habla de sus nietos, inexplicablemente puede darse la casualidad de que una canasta de juguete se desparrama sin que nadie la hubiera tocado.  Si alguna hija esta en una situación engorrosa, las luces se encienden y apagan misteriosamente.  Sin cortes de luz mediante  ni ninguna explicación racional que tranquilice.  Y por último, noches de sofocante calor, sin que medie ninguna brisa ni por casualidad, las persianas y puertas se abren.  La duda está sembrada.  Las ganas de creer que una persona es coparticipe de su destino hasta el final, también.

 

Mónica Beatriz Gervasoni
morochaurbana_67@hotmail.com

 
Periodista free lance. Escritora. Mamá de una adolescente un terremoto de cuatro años y por si fuera poco dueña de una gata.

Fuente del Artículo: http://www.editum.org/autor-188=Monica-Gervasoni.html
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Gervasoni, Mónica. "Creer o Reventar." Editum.org  24 Enero 2008. 22 Mayo 2012 
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Gervasoni, Mónica.  (2008,Enero 24). Creer o Reventar. Editum.org.
Obtenido en Mayo 22, 2012, de http://www.editum.org/Creer-o-Reventar-p-619.html
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Gervasoni, Mónica.  2008 Creer o Reventar. Editum.org (Enero, 24),
http://www.editum.org/Creer-o-Reventar-p-619.html (accesado en Mayo 22, 2012