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Díficil, pero no imposible
Díficil, pero no imposible
por Eduardo Horacio Quiroga Knezetic
Número de Palabras: 1202   Comentarios(0)
 
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El ego, la vanidad, el deseo de sentirse mejor, por no decir pleno, las ganas de verse bien, de sentirse más, navegando por el detalle de la tirana falsa perfección... Autoestima, apariencia,  petulancia, inmodestia, presunción, pedantería, vanagloria, pedantería. Cuántas cosas llevan a la soberbia, al orgullo, y a su vez a la envidia, al fastidioso hecho de compararse con los demás, para sentir paz con uno mismo, para ser feliz... Qué gran equivocación, qué terrible equivocación. Parece que ya no nos llena la idea de que lo que importa es lo de adentro, lo que uno es. Simplemente se pierden esos grandes valores, principios y creencias en la belleza del alma. Es más importante lo que parezco que lo que soy, lo que tengo que lucir, y no lo que quisiera, o debiera ser.

¿Postmodernidad o simple cansancio? No todos caemos en los embrujos de la moda, de las tendencias cóncavas y efímeras. Hay sentimientos y sensaciones que llenan más que el placer de verse estéticamente bien, como el cariño, el amor, la satisfacción, el triunfo, el logro, la  ternura, sostenidos por grandes instituciones como lo son la familia, los amigos, las parejas... Verse bien, sentirse bien, estar bien son cosas que si bien no son lo mismo, llevan a la realización, y eso sí es correcto, o aceptable; pero el querer ser más que los demás, mejor que los demás, querer ser más, sobresalir, destacarse, o brillar más que los demás, es nada más una de las metas de la soberbia, del egocentrismo, del hedonismo, de la autocomplacencia, de la autoflagelación del alma, de la esencia...La soberbia no es más que figurarse superior que los demás, incluso más que Dios. Y es una triste mancha con la que nacimos, que debemos ir fregando hasta eliminarla por completo de nuestro ser. ¿Cuánto nos pueden llenar los placeres que buscamos, si no encontramos más que cinco minutos de aparente felicidad, que luego nos devuelve el vacío y la insignificancia? A veces es más importante descubrir que existen personas, momentos e ideales que nos contagian de felicidad, pero no de esa que nos hace decir “estoy feliz”, sino la que nos enseña a decir “ soy feliz”. Del estado de ánimo al sentimiento de felicidad... No es fácil ser feliz; tal vez es muy, pero muy difícil, pero no imposible. Sólo debemos encontrar el equilibrio entre el cuerpo, la mente y el alma, agotando todas las posibilidades que hayan en el camino.

Pero, ¿cómo caminar si cada paso que doy no presto atención a mi camino y estoy más pendiente del paso que dio el que tengo al lado? Simple, aprendiendo que cada camino es único, como así también cada caminante. Y por más que el que tengo al lado vaya más de prisa o sea más precavido que yo, debo entender que nadie puede caminar mi camino por mi, y esa tarea la tengo que hacer yo sólo, pero de mi depende si quiero ir pisando los pedestales de la vanidad, del egocentrismo, del narcisismo, o escalando las cumbres de la alta cadena montañosa del dolor, del rencor, de la frustración, para llegar a la cima, a la felicidad...No es tarea fácil, tampoco algo que nos abrume de tal manera que nos mantenga ocupado con falsas visiones del mundo, como la ostentación, la supremacía de la inexistente identidad que nos vamos formando cada vez que queremos demostrarle al mundo que somos seres llenos y felices, tal vez porque tenemos eso que desde hace mucho deseábamos tener, y por lo que venimos ahorrando, sacrificándonos. O quizás, porque nos vemos mejores y menos desdichados que muchos tantos que penan por el mundo entero... Qué fácil es decir “pobre de aquél que no tiene para comer, que no tiene identidad, que no sabe lo que es la libertad, que padece dolor y sufrimiento, que creció en medio de tanta miseria, pobreza, guerra y hambre...” Cuántas palabras vacías ponemos en nuestra boca, y sin saber que los más desdichados son quienes se admiran y compadecen de los demás sin darse cuenta que podrían hacer algo por ellos, y por sí mismos. Ayudar es una dulce manera de sentirse útil, de ganarse el cielo, ascendiendo un escalón más. Pero, obvio, nadie tiene tiempo, y el que lo tiene, cobra por cada segundo que ‘pierde’ ayudando a alguien.No es fácil, para nada. ¿Quién dijo que sería fácil la ardua tarea de ser feliz, de tratar de ser mejor, de ayudar a mejorar la calidad de vida de alguien más? Todo lleva esmero, lucha, y por sobre todo mucho sacrificio, dedicación, y simplicidad. Dar, entregar, conceder, ofrendar, sacrificar... Amar. Qué fácil sería poder cambiar el mundo y hacer de cada ser uno feliz y repleto de amor y paz, con tan sólo un chasquido. Pero de sueños no se vive, sólo es la base, el principio por el cual se construye un ideal. Sí, de un sueño nace un ideal, pasando primero por las ganas de ver realizado algún deseo, anhelo o antojo, para cruzarse con la satisfacción. Por lo general, los sueños son algo egoístas, e interesados. Buscan siempre algo que no beneficia a nadie más que a quien los sueña.

Esa observación debería ser la solución, un sueño que todos pudiéramos soñar... No es fácil, más bien difícil, pero no imposible. La envidia, el orgullo, la vanidad, el egocentrismo, el narcisismo son hijos fieles de la soberbia, y la soberbia no es más que la triste idea de sentirse inferior, pequeño e insignificante. Si todos actuásemos con humildad... Si de cada acto de humildad, caridad y amor creciera una flor, el mundo sería el más bello jardín. Si de cada dulce y benévolo pensamiento un ángel ganara sus alas, el mismo mundo sería el Paraíso... Si por cada rencor olvidado y por cada odio desvanecido pudiésemos darle de comer a alguien, no existiría más pobreza... Si por cada desafío que afrontamos, por cada vicio que vencemos, por cada espacio vacío que llenamos, por cada envidia que borramos y por cada mano que brindamos, uniéramos dos almas con una sonrisa; el mundo sentiría lo que significa la serenidad, calmando a los que viven de la guerra, alimentando la paz; harían de éste, un mundo sin violencia...Pero sin soñar demasiado, empecemos por casa, cada uno, tratando de autoevaluarse, repasando los errores, las falencias, las carencias, los excesos, las ausencias. Todo. Para llegar a la felicidad, para olvidar la soberbia, para llenarnos de amor, para borrar el rencor, el resentimiento, y descubrir qué bello es nuestro interior, mucho más de lo que pueden llegar a ver los ojos de los demás. Estemos felices con lo que parecemos, como actuamos, como nos vemos, como queremos que nos vean, que nos reconozcan; pero complementémoslo con lo que somos, con lo que debemos ser, con lo que soñamos ser, y si es realmente importante y comprometedor, con lo que los demás quieren y necesitan que seamos.Cambiemos soberbia por humildad, egoísmo por caridad, orgullo por perdón, rencor por libertad, vanidad por simpleza, egocentrismo por generosidad, codicia por entrega, resentimiento por dedicación, odio por amor. Es una labor difícil, pero no imposible... Y, después de todo, ¿Quién dijo que iba a ser fácil?

 


Fuente del Artículo: http://www.editum.org/autor-383=Eduardo-Horacio-Quiroga-Knezetic.html
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Quiroga Knezetic, Eduardo Horacio. "Díficil, pero no imposible." Editum.org  05 Junio 2008. 22 Mayo 2012 
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Quiroga Knezetic, Eduardo Horacio.  (2008,Junio 05). Díficil, pero no imposible. Editum.org.
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Quiroga Knezetic, Eduardo Horacio.  2008 Díficil, pero no imposible. Editum.org (Junio, 05),
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