Cuando un conflicto perdura indefinidamente en el tiempo, se convierte en un fenómeno endémico que para algunos es un fatalismo del destino ajeno a la voluntad humana, y para los que fundamentan sus criterios en la Realpolitik saben que esa situación es una consecuencia directa de los dos últimos órdenes mundiales; la guerra fría y la globalización.
El contencioso del Sahara fue un caso ilustrativo de aquella confrontación entre dos sistemas políticos y económicos antagónicos, que eclipsaron totalmente las legítimas y justas reivindicaciones de fondo a favor de unos intereses estratégicos y geopolíticos de las grandes potencias. Ese pulso mantuvo una situación de impasse hasta la extinción de ese orden mundial que había durado medio siglo. El deslumbramiento de un mundo unipolar cimentado sobre las leyes del mercado imponiendo iconos culturales, económicos y políticos globalizados en todo el planeta deja entrever recetas estandarizadas para los focos calientes en el panorama político mundial.
Dentro de este contexto, las alternativas que se plantea para el caso que nos ocupa son las siguientes:
1.- Acuerdos de Oslo.- Se presenta este esquema para la pacificación de una región en donde convergen intereses económicos y estratégicos a escala mundial. Esta alternativa no solo es aplicable al conflicto del medio oriente sino que se trata de presentar como una panacea para otros conflicto como el del Sahara o el caso de Dafor en Sudan.
Una solución de por si conflictiva e imposible de materializar jurídicamente, ya que la inclusión de un estado dentro de otro se contradice con las normas y preceptos del derecho internacional. Esta concepción en gran medida la refleja la última propuesta del plan Baker para el Sahara, en donde se trata de poner el énfasis en el aspecto de la autonomía transitoria durante los primeros cinco años, lo que supondría inevitablemente la extrapolación de un gobierno fantoche creado en el exilio por el POLISARIO y sometido a las directrices de una Argelia que nunca a disimulado sus intenciones ambicionistas y expansionistas en la región. Estamos pues, ante una clonación del mapa de rutas que conduciría inevitablemente a un callejón sin salida. La aplicación de esta ultima propuesta del plan Baker no significaría solamente ignorar a la mayoría de la población saharaui que está afincada en las provincias del sur de Marruecos, sino el surgimiento de una espiral de tensiones y violencias que estaría siempre fomentada y alimentada por esa autoridad local impuesta desde el exterior y representada por la formación separatista del POLISARIO prevista en los cinco años del plan. La aceptación de Marruecos de esta alternativa de solución onusiana supondría la desestabilización indefinida de la región y un retroceso en las conquistas democráticas.
2.- La Balcanización.- Este fenómeno aún latente en nuestra memoria, se podría considerar como la antítesis de esta mundialización que rige los destinos de nuestro mundo, mientras desaparecen las fronteras y se debilita el estado como forma de poder para dar lugar a fusiones y mega corporaciones de índole regional y continental, asistimos en otras zonas geográficas al fraccionamiento y la creación de micro estados.
Pero las peculiaridades de los Balcanes y Timor Oriental son bien claras y definidas, aunque la organización separatista del POLISARIO trata de buscar paralelismo y similitud con sus reivindicaciones, su planteamiento se desmorona por si solo. No debemos perder nunca de vista, que la solución impuesta en los casos citados anteriormente se fundamenta sobre el genocidio religioso cometido en estas zonas. Situación por lo tanto muy lejana y disparatada respecto al caso del Sahara.
Desde los tiempos más remotos además del factor religioso la población saharaui ha mantenido en lo cultural, social, político, económico lazos indestructibles con el reino de Marruecos.
Estas recetas no son ningún remedio para un dossier que lleva más de dos décadas estancado en las grandes instancias internacionales, las razones de esta obstrucción se deben a las premisas tomada desde un principio para abordar este tema, cualquier iniciativa o propuesta regional o internacional llevada a cabo sobre la problemática del Sahara se ha construido siempre a partir de dos elementos; la autodeterminación y el POLISARIO como representante de la población saharaui. Estas dos consideraciones son incompatibles con las realidades sociopolíticas concretas de este caso. El derecho a la autodeterminación creado en su día para abordar los procesos de descolonización de las potencias europeas en el tercer mundo, no puede ser aplicable fuera de su contexto histórico y coyuntural Reactivar este mecanismo en las circunstancias actuales, frente a la pluralidad cultural y étnica que caracteriza a una infinidad de naciones soberanas, supone la desvertebración y desintegración territorial en cadena, que podría abarcar los Kabilas en Argelia, los vascos en España, irlandeses en Bretaña, corsos en Francia…etc.
Solamente un proyecto político cimentado sobre una verdadera autonomía, tomando las medidas que sean necesarias para su éxito real sobre el terreno, seria la única y definitiva solución a este conflicto. Esta región debe convertirse en un escaparate de progreso social, económico y de democracia para todos los países del Magreb, en donde un sector minoritario de separatistas representado por el POLISARIO estaría cada vez más aislado frente a una mayoría de población más confiada en un futuro prometedor.