—¿Qué puede ser?—preguntó Ernesto a su amigo.
—No se—le respondió Fernando—nunca había escuchado un bramido así.
Como el extraño zumbido parecía venir de las copas de los árboles se dieron prisa a salir a terreno despejado para poder mirar. La lluvia se desató en ese momento arreciando fuertemente lo mismo que los rayos y los truenos, pero el afán por descubrir qué causaba ese extraño ruido no les importó que la lluvia los mojara. Con los ojos puestos sobre las copas de los árboles permanecieron unos cuantos minutos, pero no pudieron ver nada. De repente voltearon la vista para el otro lado y vieron un objeto que volaba de un lado a otro sobre la copa de un inmenso árbol.
—Creo que es un platillo volador—le dijo Fernando—he escuchado hablar de ellos
—Eso no puede ser—le respondió Ernesto—yo no creo que existan.
—Pues si no creías ahora tendrás que creerlo porque lo estas viendo con tus propios ojos. Aunque prácticamente había oscurecido, porque solo se podía ver a corta distancia, los dos se escondieron detrás de unos arbustos para seguir observando aquel extraño objeto, pues temían que los vieran y no querían que eso sucediera porque tenían temor de que se los lleven. De repente un rayo impactó la nave y ésta perdió el equilibrio y aunque trató de estabilizarse se precipitó a tierra y cayó sobre un pantano cerca de una bodega. Los dos no sabían qué hacer, por lo que decidieron avisar a más personas para que vean el extraño objeto pues no sabían qué encontrarían. Se fueron, pero luego de unos cuantos pasos se detuvieron.
—Vamos los dos—le dijo Fernando—Deseas conocer a los extraterrestres?. A mi sí y por eso voy a ver.
—También iré—le dijo Ernesto al ver a su amigo decidido.
Cautelosamente se acercaron a la nave que estaba enterrada en medio del fango con la puerta abierta de cuyo interior salía una luz verdosa. Dejando el miedo decidieron ver qué había dentro de la nave, pero la luz que producía no era suficiente para poder ver con claridad. De pronto escucharon una extraña voz que pedía ayuda. Fernando le preguntó a Ernesto que si había dicho algo, pero él le hizo la misma pregunta. Concluyeron que aquella extraña voz procedía del interior de la nave. Fernando decidió entrar a ver quién pedía ayuda y encontró dos seres de apariencia extraña que estaban tendidos en el piso. Inmediatamente salió a contarle a Ernesto y a pedirle que le ayude para sacarlos de la nave. Fernando levantó a uno de ellos y se lo pasó a Ernesto para que lo lleve a la casa que quedaba muy cerca de allí. Luego levantó al otro y se fueron. No habían caminado ni unos treinta metros cuando otra nave los interceptó en el camino volando sobre sus cabezas. Del centro salía una intensa luz que los paralizó y les arrebató de las manos a los dos extraños seres. Luego que la nave se fue recobraron su movimiento, pero lo acontecido les causó tanto miedo y corrieron pensando que a ellos también se los llevarían. Esa noche no pudieron dormir, solo lo hicieron a la madrugada. Se despertaron muy tarde sin preocuparse por ir a ver si la nave estaba todavía allí, pues los dos habían creído que lo sucedido la noche anterior solo había sido un sueño. A Fernando el sueño le había parecido tan real, por eso decidió contarle a Ernesto lo sucedido. Se sorprendió cuando éste le contó que había tenido el mismo sueño. Pensando que podía ser verdad decidieron ir al sitio donde se había estrellado la nave para asegurarse que no había sido solo un sueño, y encontraron a la nave medio sumergida en el fango. Después de asegurar la puerta para que no se cierre decidieron entrar. A simple vista la nave se encontraba intacta, solo una pequeña pieza se había despegado de la pared dejando la huella de donde se había caído. Como no quedaba lejos la bodega de granos, decidieron sujetarla con cuerdas y arrastrarla con la ayuda de la camioneta. Apenas la hubieron sacado del fango la nave quedó suspendida a un metro de la tierra sin que nada la sostuviera por debajo, por lo que les resultó fácil arrastrarla para ocultarla en la bodega, de esa manera nadie se enteró que allí guardaban una nave extraterrestre. Una tarde después de atarla a las columnas de la bodega decidieron colocar la pieza que faltaba en su lugar, pero tomaron todas las precauciones por si algo sucedía. Tal como lo habían imaginado, apenas instalaron la pieza inmediatamente la nave emitió muchas luces por dentro y por fuera. Fernando y Ernesto abandonaron la nave muy asustados cuando sintieron que ésta empezó a moverse. Ellos escaparon a tiempo, pues apenas salieron las cuerdas que la sujetaban se rompieron y se elevó llevándose el techo de la bodega.
Todos los residentes de la vereda al escuchar el estruendo de inmediato miraron hacia ese lugar y vieron que el techo se elevaba sin que nadie pudiera explicar lo sucedido. Fernando y Ernesto se quedaron callados después de lo acontecido, por eso nadie, aparte de ellos supo lo de la nave.