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El Juego De La Pelota – Pasión De Multitudes
El Juego De La Pelota – Pasión De Multitudes
por Susana Dillon
Número de Palabras: 2372   Comentarios(0)
 
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“Los hombres son más puntillosos en juegos que en cuestiones serias y ponen más honestidad en el tric – trac, donde el daño sería pasable y la pasan por alto en batallas o en tratados de paz, donde sería gravosa....”

            -Anatole Frace. “La Rotisserie de la Reine Pédauque”.

 “Juguemos a la pelota, dijo el señor de Xibalba. Entonces los señores tomaron la pelota y la impulsaron hacia el anillo Hunahpu”.

            - “Popol Vuh”. Libro sagrado de los mayas.

 

 

Los juegos en todas las civilizaciones han sido de gran importancia, se podría acentuar: de capital importancia y no termina en el juego en sí, sino que desembocan en una ceremonia con ajustado ritual. Al final los esperaba la magia, el trasponer el paroxismo emocional, esa llegada a un punto en que los participantes y los espectadores entraban en la pérdida de la posesión de sí mismos. En una palabra, para los pueblos primitivos americanos, el juego era una cosa seria, que los transportaba en su exaltación multitudinaria. Se apelaba a lo mágico siguiendo un ritual, con promesas y apuestas de por medio, para conseguir el éxtasis del triunfo.

 

El ritual y las reglas

Este ritual o cánones de los pasos a seguir hasta la culminación, era lo que tornaba a la trapisonda, a la gambeta, a la cabriola graciosa, en un paso obligado y reglado que hacía el interés y preocupación que despertara la ceremonia – juego.

Las reglas debían ser férreas, conocidas y aplicadas con rigor y allí tenemos las deducciones de Anatole France aseverando que “los hombres son más puntillosos en los juegos que en cuestiones serias” tiene vigencia en la América precolombina y en especial en este juego de pelota que levantaba multitudes ardorosas en el desarrollo de los partidos que tenían lugar en las ciudades – templo diseminadas por toda la América Central.

 

La gran invención

Los inventores de este juego fueron los antiguos Mayas, le llamaron POK-A-TOK y se comenzó a jugar desde Honduras hasta Arizona, 500 años A.C.. La pelota reglamentaria tenía unos 15 cm de diámetro y era de caucho macizo (lo que en México se llama Ulli = Hule). Con el paso del tiempo el juego fue adoptado por los Aztecas que lo llamaron TLACUTLI, algo parecido al baloncesto. Había que acertar en un aro que se encontraba a cada lado de la cancha en forma vertical. El juego empezaba como diversión y terminaba con un ritual, a veces en sacrificios humanos.

La cancha, de piso de piedras, prolijamente niveladas y lisas, tenía forma de “I”. A los lados de la cancha la gradería albergaba a la delirante multitud que animaba a los jugadores. Más arriba los jueces arbitraban el partido, siendo severísimos en aplicar las reglas, también allí la clase dirigente representada en los sumos sacerdotes era la que se imponía dictando la reglamentación del juego.

Protegerse del balón

Como la pelota era sólida, no inflable, los jugadores se protegían el abdomen y el bajo vientre con una faja acolchada también de hule, la cabeza estaba protegida, ya que era importante marcar tantos con ella. En las manos calzaban guantes. No se jugaba ni con las manos ni con los pies, sino que golpeaban la pelota con codos, rodillas y nalgas, quedando la posibilidad del tanto marcado a cabezazos }, el juego, de determinado tiempo (ya que los mayas vivían midiéndolo) finalizaba indefectiblemente en su desencadenante principal: la ceremonia religiosa o mágica que se celebraba ante gobernantes y dignatarios de las tribus o ciudades participantes que enviaban lo más escogido y famosos de sus jugadores los que eran mantenidos y alentados por los grandes señores, que oficiaban para el caso como verdaderos promotores.

En tiempos dispuestos por el calendario, se reunían en una ciudad determinada por los gobernantes y el clero, todas las ciudades vecinas y aún participaban las lejanas. Aquello vendría a ser algo así como nuestros tan esperados y discutidos MUNDIALES.

Los espectadores, que tenían sus preferencias, como en todo lugar que se respete, se reunían en las graderías que toda ciudad tenía al efecto, levantadas con piedras bellamente estructuradas. Allí se ubicaba de acuerdo a su importancia y rango y comenzando las apuestas para el equipo favorito. Los mayas fanáticos, empedernidos jugadores que colocaban su capital consistente en oro,  turquesas, esclavos, ricas vestiduras, mantos de pluma y lo que constituía su dinero: granos de cacao. Pero lo que más llama la atención, es que siendo tan celosos de sus milpas (terrenos de labranza) y sus propias casas, todo iba a parar a las apuestas.

Alrededor de la cancha, cuyas dimensiones variaban de acuerdo a la importancia de la ciudad, de 20 a 30 pies de ancho por 20 a 30 pies de largo daban cabida a los dos equipos cuyo número se ignora.

 En Chichén – Itzá…en torno al juego y los ritos religiosos

En Chichén – Itzá existe una cancha muy bien conservada, que podría aproximarse a lo que nosotros llamamos las olímpicas, donde se reunían los equipos de todos los confines en magnos acontecimientos. En ese campo de 166 metros de largo por 28 metros de largo, el aro está orlado de una fantástica serpiente trabajada en la piedra, además en las paredes que rodean el recinto hay un elocuente bajorrelieve que muestra el sacrificio del gran favorito de las multitudes que era ofrecido a los dioses en una ceremonia que no dejaba dudas sobre lo que suponía lo breve de la gloria humana, lo que se llamó en forma poética: la muerte florida.

También existían en aquella ciudad, que era la más importante de Yucatán en lo que se refiere a encuentros multitudinarios, aparte de templos, recinto para albergues de los supremos sacerdotes, palacios, la cancha olímpica para jugar al POK A TOK, otras siete canchas de dimensiones menores que sin duda serían las de prácticas o encuentros de menor importancia. De lo que puede establecerse que eran miles los mayas que se nucleaban en torno al juego y los ritos religiosos, que también comerciaban, se reunían, entablaban nuevas amistades, concertaban casamientos, en fin era el tiempo óptimo para las relaciones públicas. El juego de pelota maya, de muy difícil concreción, tenía sin embargo un señuelo en el premio. El que acertaba, con su equipo, tenía derecho a exigir, de acuerdo con las reglas como trofeo toda la ropa y las joyas que portaban los espectadores.

No caben dudas de la expresión de los familiares, cuando el jefe de la tribu o el clan, caía, después de la derrota deportiva “con la frente marchita” y prácticamente “en pelotas”.

Sin duda aquella gente primitiva, en este rincón tropical y pintoresco de América, se debieron sentir como Mazarino, aquel famoso cardenal, sucesor de Richellieu, que en el siglo XVII condujo en forma caprichosa los destinos de Francia cuando en un partido de BEZIQUE perdió un precioso “chateau” con todo su moblaje y fantástico ajuar.

Otras de las costumbres que se relacionaban con él y los mayas que eran muy afectos a la higiene, era el que en las milpas, siempre había una choza destinada a los baños de vapor. Allí la esposa esperaba a su marido, vuelto del rudo trabajo del campo, con un baño de vapor que consistía en calentar piedras en el fuego y luego rociarlas con agua.

 

La higiene: Un maya común no comía sin antes lavarse o bañarse.

Utilizaba para ello las raíces y la corteza del árbol  de la Saponaria, con el que lavaban la ropa y el cuerpo como si fuera nuestro jabón. Recién higienizado el maya hacía su comida principal al caer el sol  dejando el tiempo que le sobraba para dedicarse a realizar artesanías en las piedras o con las fibras de henequén. Los ejercicios deportivos, a los que eran tan afectos desembocaban inevitablemente en los baños públicos si vivían en las ciudades, allí los hombres, como los antiguos romanos, mientras se estaban en placentero remojo, hablaban de negocios, de política y del tema infaltable: las alternativas del último partido de POK – A – TOK y para relajarse de temas tan espinosos y estresantes nada mejor que mascar goma. Esa fue una costumbre que los llevó a tener un verdadero stock de lo que después sería el chicle. Los mayas antiguos se perfumaban la boca y se entretenían de la misma manera que los jóvenes de hoy. La goma de mascar se extraía de los árboles de la selva y gracias a ese hábito se buscó tanto por las selvas del Petén esa materia prima, que de forma casual se encontraron entre la tupida maraña de las ciudades sagradas en ruinas que son motivo de interés para científicos y turistas.

 Las actividades lúdicas

Las ciudades templo que hay diseminadas por toda América Central, tales como Uxmal, Chivchén Itzá, Palenque, Labná, Tikal, Copán, Zaculeu, y cientos más donde se realizaban festividades religiosas y los consabidos partidos de pelota, daban cabida a otras actividades que tenían mucho que ver con el intercambio de productos, labores, artesanías, medicinas. Allí los artistas hacían conocer sus creaciones: obras teatrales, poemas, música, canto, baile. Todo esto daba lugar a la actividad favorita de los mayas que se deleitaban conversando, tuvieron fama de grandes parlanchines, como los aztecas de sagaces comerciantes. Tampoco los incas, para esas épocas, eran otra cosa que los actuales silentes contempladores del paisaje, sin que el rostro delate lo que piensan.

Las actividades lúdicas no terminaban en el POK – A – TOK de los mayas y en el TLACHTLI de los aztecas, también ambos pueblos jugaron al PATOLLI algo semejante a nuestro ludo, en la cual la pasaban durante días alternando con las otras actividades.

Los comerciantes que realizaban largos viajes para hacer conocer sus productos, eran verdaderos embajadores, duchos en el arte de introducir usos, costumbres, modas, entretenimientos, la sociedad centroamericana los consideraba verdaderos señores, precursores de la diplomacia. Su visita era largamente esperada y celebrada. Para aquellos arcaicos americanos lo importante era reunirse, comunicarse, hasta los indios de nuestro país festejaban alborotados el TINCUNACO que quiere decir encuentro.

Entre partidos y ceremonias, presentaciones de familiares y amigos, los jefes reglaban sus sociedades: los más ignorantes aprendían de los sabios. La casta gobernante por intermedio de los grandes sacerdotes: HALACH – UINIC (hombre verdadero) se encargaban de indicar a los agricultores las fechas de siembra y modos de cultivo consistentes en sementeras de maíz, frijoles, calabazas, ajíes, cacao, etc. Los pactos y negocios también eran resueltos con la intervención de  los HALACH – UINIC. La ocasión era propicia para que aparecieran los cobradores de tributos destinados a sostener la clase alta: clero, nobleza y milicias. Nada bastaba a estos insaciables funcionarios que cada región tenía y a los cuales había que entregar una parte de la cosecha, animales para viandas, prendas de algodón, mantas, oro, piedras preciosas y mantos de plumas. No faltando tampoco para estos trances el aporte de las bebidas alcohólicas que se fabricaban con la maceración y fermentación de cactus y henequén dando origen a lo que luego sería el pulque y el famoso tequila.

Las almendras de cacao eran preciada moneda, sólo lo bebían los nobles muy ricos.

Con el cacao todo se podía trocar desde un esclavo, una esposa o la bebida que los alegraba en aquellas ocasiones propicias para la amistad y los brindis. Un conejo valía 10 granos de cacao, una calabaza, 4; un esclavo, 100 el equivalente a 25 tazas de chocolate; un turno de relaciones con una mujer pública, 10 granos. A veces se falsificaba este dinero y se rellenaban las cáscaras con tierra, entonces sobrevenían las disputas y cada quién, desconfiando de su valor, apretaba fuerte cada grano a modo de comprobación y para cerciorarse de la legitimidad.

Otra moneda usada por los aztecas era rellenar los canutos de las plumas con polvo de oro.

 El día de júbilo

El pueblo trabajador, sobre el que recaía lo más duro de las obligaciones, veía venir las festividades con alegría, allí podía solazarse y gratificarse de los sacrificios hechos en las milpas o en las construcciones de las ciudades: templos y palacios, acueductos y puentes, ya que así pagaban sus tributos, mientras no les tocara ir a guerrear con vecinos e invasores que les disputaban sus tierras y bienes. Todos contribuían al sostenimiento de la clase dirigente y nadie se salvaba de tributar. Pan y circo, también rezaba en las costumbres de nuestros antepasados americanos. El anestesiarse y drogarse con estos pasatiempos y solaces breves eran parte de las reglas del juego político, tan perverso como el de los conquistadores que vinieron supuestamente a civilizarlos. Visto lo que siguió sucediendo con los nuevos amos, venidos de más allá del mar, hasta llegar hasta el presente, sin dejar de ser un lugar común, cobra un inusitado realismo: NO HAY NADA NUEVO BAJO EL SOL.

Con alguna ligera variante seguimos en las mismas, desde el POK – A – TOK jugado 500 años A.C. hasta el último MUNDIAL, televisión de por medio.

 

 


BIBLIOGRAFÍA

Víctor Von Hagen: “Los Mayas”.

Víctor Von Hagen: “Los Aztecas”.

 

 

 


Fuente del Artículo: http://www.editum.org/autor-63=Susana-Dillon.html
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Dillon, Susana.  2008 El Juego De La Pelota – Pasión De Multitudes. Editum.org (Junio, 26),
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