“Vino mezcal”, que aunque considerado una de las bebidas prohibidas y contrahechas por la administración publica, es siempre permitido en Nueva Galicia, y termina por reconocérsele, legalizársele e institucionalizarse, pudiendo de esa manera salvarse para la posteridad gracias a los indios de Amatitln. Ocasionándose con ello el crecimiento de la comunidad de Amatitán, la consolidación del territorio que reclaman como propio, y luego la expansión de este.
Todo ello aunado a una integración y un mestizaje que se realiza tanto con mujeres españolas como con los pobladores que llegaron a establecerse, en los siglos XVII y XVIII, en las tierras colindantes de Amatitán. Produciéndose un grupo social con características propias y una conciencia de unión y permanencia, desde entonces y hasta ahora, que puede reconocerse aun con la expresión del termino “entre nosotros los de Amatitln”.
Esquema de mestizaje al que se integran, a partir del siglo XVIII, los propietarios de los puestos del Arenal, Santiago, y Tostincha, colindantes de Amatitln, al emparentar con los indios de Amatitln.
Por el otro lado, en Tequila, encontramos a una comunidad indígena que carece de verdadera presencia y se esfuma en el tiempo; e incrustados entre ellos, a partir del siglo XVII, a otros grupos familiares, formados por españoles, criollos y mestizos, primero dedicados a actividades cañeras y de fabricación de azúcar, que dejan de tener presencia en la primera mitad de siglo XVIII, con la llegada de nuevos sujetos, también criollos, que se transforman de cañeros en fabricantes de “vino mezcal” a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, sujetos por lo general sin permanencia, y que salvo algunas contadas excepciones, así como llegaban se iban, tal y como si les faltara el arraigo a la tierra proporcionado por la sangre indígena en los de Amatitln.
así al analizar cada una de las jurisdicciones de Amatitln, Tequila y Arenal, nos percatamos de esas dos caracterizaciones, de esos dos modelos de sujetos y de grupos familiares, que se desempeñan en esa región con un comportamiento de nobleza rustica, diferente a la de los grupos económicos y de poder de la ciudad de Guadalajara, o de las otras regiones de tanto de lo que fue la Nueva Galicia como posteriormente el Estado de Jalisco.
Porque en cada uno de esos territorios el comportamiento de sus habitantes genera un modelo diferente, sin importar los sucesos del tiempo y los cambios de las estructuras políticas.
A diferencia de Amatitln, Arenal y las regiones de su entorno, los personajes y grupos familiares de Tequila y su región carecen de una permanencia tan constante como la que tienen y conservan los de aquellas regiones; tal y como si el origen indígena y el mestizaje de entre ellos los vinculara a la tierra y al mezcal creándoles una necesidad de permanencia mas allá del tiempo y el espacio, tal y como si el espíritu comunal y de parentesco de sus ancestros indios permaneciera vivo. características de las que carecen los de Tequila. Quedando mas evidenciado todo esto con el comportamiento y las interrelaciones familiares de unos y otros grupos, y con la particularidad de que cuando uno de los de Tequila se ha integrado a los de Amatitln queda arraigado con estos y con esa tierra.
En el entorno de Amatitln, Arenal y la región de su colindancia integrada por el rancho o labor de “Santiago”, “Cuerambaro”, y los sitios de “Santa Quiteria” y “Los Laureles”, y aun el sitio de “San Nicolás de Huaxtla”, todas propiedades privadas, pobres agrícolamente, se convierten en generadores de riqueza solamente a partir de su integración a la siembra de mezcal y a la fabricación del “vino mezcal”. Pero con la particularidad de que sus propietarios se integran familiarmente con los indios de Amatitln, generándose con ello una red de relaciones que se han conservado a lo largo del tiempo y que permitirán que los cambios políticos y sociales no impacten entre ellos la misma forma que en el resto del país.
En ese entorno también el sitio de “Tostincha”, entre Amatitln y Tequila, presenta las mismas características de pobreza agrícola, con la circunstancia de que su propietario a partir del siglo XVII, un mestizo, no tuvo empacho en contraer parentesco con los indios de Amatitln para de esa manera legalizar, sus actividades en la siembra del mezcal. Y aunque “Tostincha” fue luego dividido y enajenado en fracciones, siempre conservo su vocación como terreno de siembra de mezcal.
Por otro lado en el entorno de Tequila, las tierras de “San Martín”, lo “De Teresa”, “Los Naranjos”, “Tecomil” y “San Antonio del Potrero”, que lo mismo que las tierras de la comunidad indígena de Tequila, de origen dedicadas a una pobre siembra de caña y a trapiches, cambiaron esa vocación para, una vez que así se permitió a aquellos que no eran indios, dedicarse también a sembrar mezcal y a fabricar el mismo aguardiente que fabricaban los indios de Amatitln, denominado “vino mezcal”.
Todos “Barones del “Vino Mezcal-Tequila”, una elite apartada del mundo de Guadalajara y del resto del país mismo, una elite con y en su mundo propio, del que solo hasta ahora comenzamos a saber, una elite orgullosa, una “nobleza rustica” única en el país mantenedores de una tradición ancestral el aguardiente llamado “vino mezcal” y ahora Tequila que ha llegado a ser el emblema de la nación.