Sumergirnos en el pasado siglo XIX nos obliga a recurrir mayormente a las fuentes públicas como documentos oficiales, o bien originadas en la vida privada como las frecuentes cartas, o bien a los registros que dejaron muchos viajantes extranjeros que estando de paso por nuestro país plasmaron en sus diarios y anotaciones descripciones muy ricas sobre los paisajes, el estilo de vida, las construcciones, etc. Así podemos encontrar las memorias de Miers (un experto en minas), las interesantes descripciones del gran naturalista Charles Darwin o las del viajero Francis Bond Head que se vio atraído por el paisaje cordobés ya que encontró en su viaje por el interior la interminable llanura de las pampas, plenas de chatura y vacía de belleza alguna. Se dedicaban muchas líneas a las salvajes costumbres masculinas –corridas de caballos, el matadero, la práctica del pato, las riñas, corridas de toro, etc- típicas de la época en contraposición a la dulzura, las gracias y delicadezas de las mujeres de la colonia que luego del obligado paseo por la alameda, preferían bañarse en el río por las noches –acompañadas de una criada y faroles- para disminuir los efectos de las altas temperaturas veraniegas. Buenos Aires por esos años no era comparable con ninguna ciudad Europea, carecía de toda comodidad y daba la impresión de estar en ruinas, llamando la atención sus escasos edificios públicos: cabildo, fuerte, catedral o la misma recova (hoy mayormente desaparecidos para crear sobre sus ruinas una ciudad “moderna” que niega su pasado colonial).
Se tejían fantasías sobre la figura del indio indomable y se describía además la férrea tradición católica de los cordobeses, cuya organización familiar difería de la del resto del país: 4/5 integrantes por familia sobre 3/ 4 como promedio general de la época. Se deduce pues por los censos que las familias era pequeñas y se evitaba extender la prole recurriendo a variados métodos anticonceptivos tales como el mas popular coitus interruptus, el manejo del calendario biológico o la simple abstinencia, un dato llamativo de la época es que los dormitorios contaban con camas individuales, ya que las camas de doble plaza se comenzaron a utilizar ya comenzado el siglo XX. El rol paterno era fuerte y una muestra de ello era que se necesitaba del consentimiento del padre de familia –con poderes absolutos en el ámbito doméstico- para pedir la mano si el casamiento era entre menores de 25 años. La tendencia muestra que progresivamente el estado fue interviniendo cada vez en asuntos domésticos de gran relevancia –como casamientos, defunciones, nacimientos, etc-, o de menor envergadura pleitos familiares, costumbres reprochables como vagancia, ebriedad o desempleo manifiesto, cuestión que denota una desplazamiento de la iglesia sobre estas cuestiones sociales –antes de su exclusiva censura y mirada crítica- o bien su subordinación al Estado.
Se sabe que en aquella época el 22 % de las mujeres eran jefes de hogar, cuestión que no llama demasiado la atención ya que por diferencias de edad entre cónyuges, expectativas y estilo de vida, el clima agitado de esos años pleno de enfrentamientos, guerras civiles y violencia política los varones morian mas jóvenes o abandonaban tempranmente el hogar.
Se dieron numerosos casos de enfrentamientos en la justicia llevados a cabo por mujeres que demandaban un trato justo y respetuoso, asistencia y manutención, devolución de sus hijos entregados tempranamente a otras familias en mejor condición socio-económica para su educación y crianza en buenas costumbres. Se penaba con multas, cárcel y vergüenza pública a los infractores.
Aquí un caso llamativo: Cuentan las crónicas que a mediados de 1785 el mulato Raymundo Chazarreta decide viajar desde Tucumán hasta la ciudad de Buenos Aires para pro0bar fortuna. María Isabel Alzogaray, lo sigue –vaya a saber por que motivos-, abandonando la casa de sus padres. Llegan juntos a la ciudad y alquilan una pieza, al tiempo aceptan que el mayor de sus hijos se ponga al servicio de la dueña de la casa. Dos años mas tarde María Isabel –desconsolada-, se pone en contacto con el Alcalde y radica una demanda criminal contra Chazarreta. Declara que su marido jugó y perdió en la pulpería un par de hebillas de plata y un sobrecama, me sacó la pollera de sarguilla que el mismo me regaló. Su marido confiesa –además el proceso avanza sobre delitos graves de la época como amancebamiento, adulterio e incesto- su estado de vagancia , pero agrega que su pareja era en realidad la hermana de su esposa y que los hijos eran sólo de ella y que habían huido juntos para hacer vida maridable en la ciudad. De cada 10 demandas, 6 son presentadas por mujeres, de las cuales un 17 % corresponden a concubinas y 13 % a novias, siendo los detonantes la irresponsabilidad de sus parejas, por oficio el 60 % de los demandantes corresponden al personal doméstico, peones, jornaleros, soldados y pequeños comerciantes, actuando en todos los casos la justicia como mecanismo efectivo de represión del escándalo público. Los reclamos van desde la devolución de sus hijos, alimentos y manutención, buenos tratos y modales. Un caso relata lo siguiente: Hallándose mi hija sin padre y yo destituida de facultades para educarla, pues mi subsistencia está sujeta al servicio que puedo ofrecer en una casa donde me conchabo (…) teniendo la mas completa satisfacción y conocimiento del carácter honrado y sentimientos cristianos de Don Pedro Gada, es mi voluntad entregarle mi hija para que se encargue de darle una educación,… Luego de diez años, la parda María del Rosario declara: Hace diez años que entregue a mi hija Florencia para que se le diese educación y alimento, lejos de educarla (…) la tienen abandonada, al extremo de no saber mi hija ni rezar, pues todo el tiempo la emplea para hacer los trabajos mas fuertes de la casa, cuales son; tirar agua para el baño, cocinar, etc. Deseando tener mi hija solicité me la devolvieran , quien se me negó a entregármela.
La violencia doméstica era muy común – agresión física y verbal junto a injurias y otros excesos- y derivaba en segura prisión, también eran frecuentes los casos de denuncias por ebriedad, golpes y abusos en la intimidad familiar. Finalmente cabe esta reflexión desde el hoy: La justicia y el derecho avanzaron…, las costumbres también ¿?.
Fuente; Cicerchia Ricardo: Historia de la vida privada en la Argentina. Troquel. Bs. As. 1998.