—Vega, Vega, apúnteme en la lista esa que usted tiene por ahí, la de los desempleados. —¡Aja! compadre ¿Cual es la vaina?, he contestado.
—Me botaron del puesto. Respondió Daza, mi amigo.
—¿No le pare bola a eso, acaso usted había comprado ese cargo? A uno lo botan y lo nombran, ahora le toca esperar que lo nombren.
—Es en serio, me echaron. Bueno, quiere decir que estoy de vacaciones. Comentó como para auto consolarse, que entre otras cosas es su costumbre.
—Yo no lo noto preocupado como para creerle mucho, pero si lo botaron prepárese porque el verdadero problema no es el trabajo sino su esposa.
—¿Como así? —Venga, tome asiento, le voy a brindar un par de consejos: Primero. Pida una plata prestada a los amigos de confianza antes de que sepan que está sin empleo. Claro está, a mí me saca de la lista, ya que estoy enterado de su desgracia. Esto con el fin de que aguante mientras consigue otro trabajito, algo importante no diga que lo botaron porque nadie le presta. Saque cuentas para que conozca cuántos son sus gastos de un año, el resultado lo divide entre todos sus amigos, para que no se endeude con uno solo, eso sí prepare una buena mentira para que cuando se comente lo del préstamo no hallan sorprendidos por lo menos durante el primer mes. Segundo. Tenga cuidado con lo que dice en la casa porque le viene una etapa en que la señora lo odiará; trate de salir todos los días como quien va para la oficina, no se quede acostado porque lo van a tratar de flojo y sinvergüenza, no se le ocurra, por ningún punto, proponer relaciones amorosas, espere siempre que lo busquen y no se vaya a afligir que esto le pasa a todo el mundo; le pasó a Simón Bolívar y su desempleo fue bastante largo, por eso fue que le quedó tiempo de andar libertando países a diestra y siniestra, en caballo por que en esa época no había esos carros bonitos que hay ahora!.
—Vega, no mame gallo que el trapo no está para diarrea. Nos tomamos un tinto, cambiamos el tema y al rato se fue Daza, iba cabizbajo, me dejó preocupado. Al día siguiente lo visité temprano. La intención era acompañarlo en ese momento de crisis, al fin y al cabo para eso son los amigos. Cuando llegué me di cuenta que el ambiente estaba tenso, encontré una tropelía, de esos tropelines mañaneros que le dañan a uno el día, sin embargo entré.
—¿Cómo amanecieron por aquí? ...Nadie contestó. Agarre un asiento y lo arrecosté en uno de los palos del kiosco del patio, volví y hablé:
— ¿No habrá un tintico por ahí?
—Aquí no hay nada. Contestó la mujer, que estaba algo así como entripada, me di cuenta que la pelea iba viento en popa.
—Bueno el nieto de Meche se va! Replique.
—Para donde va usted? Quédese ahí... Vea muchacha traiga dos tintos cerreros y bien fuertes, Daza le ordenó a la “secre”. El hombre resollaba, como toro guapo en corraleja, tenía los ojos saltones y estaba sudando. A este hombre hay que orearlo, porque se puede infartar, pensé, pero no se lo comenté. La mujer siguió refunfuñando y luego salió para la calle.
—Vea compadre, déjese de esas peloteras, con la comadre, que eso es malo. Le dije.
—Nojoda compa, lo que usted me dijo es verídico, ya esta fregando esta caraja y apenas tengo dos días de estar sin empleo. Para distraerlo le inventé una historia, yo quería que se reposara. Bueno yo conozco a un señor que se ideó un sistema para no tener problemas con su mujer, el hombre colgó un tablero debajo de un palo de higuito, en el patio de su casa, en él anota, bien temprano, todas sus indicaciones, la mujer las lee y ahí se evitan problemas y resentimientos, con eso ha mejorado la comunicación con su esposa.
—Ahí está usted pintado, que se va a poner uno en esas vainas! Este Vega es que tiene cosas, vea... Seguimos hablando y se fue el tiempo. Me despedí y regresé a mi casa. Después de unos días volví donde de mi amigo y compadre, no había tenido noticias de él.
—Compadre vine a invitarlo para que nos tomemos unos traguitos, le dije antes de saludarlo. —Bueno vamos para el kiosco y llamemos a dos amigos más para que hagamos una cruz de dominó. Contestó Daza emocionado. Sorpresa la mía cuando encuentro un tablero guindado al fondo del kiosco que decía:
- Les recuerdo que hoy pasa el carro de la basura, hay que sacarla. Para el desayuno quiero asadura de cerdo guisada con yuca.
- Para el almuerzo se asan unas costillas, con arroz de fideo, ensalada verde y patacón.
- En la noche no quiero comer pero, espero una noche de placer y de amor.
Más abajo con una letra bién grande estaba escrito:
La noche de amor está bien, pero sin hablarnos, porque guerra es guerra.