Desde los comienzos de la humanidad las normas morales han afectado a las personas en mayor o menor medida y han determinado la forma de vida y la conducta humanas en todos los ámbitos. La ética, como ciencia cuyo objeto de estudio es lo relacionado con los actos humanos y su supuesta bondad o maldad, ha determinado también la forma de conducirse en los negocios, llegando a ser, más bien, ética aplicada. Un campo en el cual la ética de los negocios ha llegado a ocupar un lugar muy especial.
Aunque la ética de los negocios tiene algunos puntos en común con las del derecho y la medicina, tales como el hecho de ser la aplicación incierta de una serie de principio éticos bastante generales de la utilidad y el deber, la de los negocios tiene un interés relacionado con la empresa humana y, por eso, muchos autores no la consideran como una ética de valores nobles. Valores como la codicia encendieron una señal de alarma entre los pensadores, ya desde la época de Cicerón, en relación con las operaciones comerciales. Más aún, para algunos pensadores resultaba inconcebible que ética y negocios pudieran relacionarse de algún modo.
Sin embargo, aunque la codicia podría despertar suspicacias, no es el único valor en juego. También lo están una serie de valores positivos como la honestidad, sinceridad, y la verdad. En este sentido, sin ética no hay negocios. Porque sin honestidad en las transacciones comerciales o sin sinceridad y verdad al realizar una venta, no hay negocio que resista una relación comercial a largo plazo.
Por esta razón, es una necesidad imperiosa recordar que la corrupción anula toda posibilidad de negocios, porque destruye la libertad y mancha la competencia sana. Afortunadamente, cada vez más compañías perciben esta situación y promueven políticas de buena conducta par su personal, para con sus clientes, y para la empresa misma. La honestidad, la verdad y la sinceridad son valores que deben neutralizar la codicia porque, a largo plazo, la buena reputación y la confiabilidad de la empresa le reportarán más beneficios en lo económico.
En última instancia es cada empresario, cada persona de negocios quien debe preguntarse si sus objetivos y su comportamiento demuestran un compromiso con las normas éticas del mundo de los negocios, sin olvidar los beneficios a corto y a mediano plazo implica la observancia de ellos por parte de todas las partes involucradas.