El proceso de digestión presenta un aspecto mecánico y un aspecto químico.
Triturar y digerir: lo mecánico de la digestión
La parte mecánica consiste en triturar los alimentos en la boca con ayuda de los dientes y conducirlos luego al tracto digestivo. La masticación y la deglución son actividades voluntarias. Solo una buena masticación permite triturar loa alimentos hasta el tamaño en que los jugos digestivos hallen la mayor superficie de ataque. El viejo proverbio que reza “bien masticado, medio digerido” tiene su fundamento. Una vez que el bocado se mastica bien y se mezcla con la saliva, se inicia el acto de la deglución en que se impulsa el bolo alimenticio al esófago por la epiglotis. Desde allí será trasladado al estomago y al intestino mediante movimientos peristálticos, independientes ya de todo acto voluntario.
La parte química de la digestión
La parte química de la digestión esta regida por diversos órganos sensoriales y receptores cuando sentimos hambre y vemos una comida apetitosa la boca se “hace agua” esto significa que se llena de saliva. La saliva inicia la digestión de los hidratos de carbono. Los condimentos de la comida excitan los órganos gustativos de la lengua y el paladar, lo cual de manera refleja estimula la secreción de las glándulas de la mucosa gástrica y del páncreas.
La acción del jugo gástrico desdobla las proteínas en aminoácidos. El jugo gástrico contiene además un factor que libera la B12 de sus ligaduras y permite su absorción. Después de una buena mezcla de los alimentos con el jugo gástrico, el contenido del estomago pasa por porciones al duodeno impulsado por la peristalsis gástrica. El tiempo de permanencia de los alimentos en el estomago es variable. Los líquidos sin ningún valor nutricio particular atraviesan este órgano sin mayor demora; la leche dura en el estomago unas dos horas y las comidas grasosas son las que mas tiempo quedan retenidas: de seis a ocho horas.
La mayor o menor permanencia de los alimentos en el estomago proporciona una escala cierta de su digestibilidad, los “livianos” los abandonan pronto; los “pesados” quedan en el por mas tiempo.
El papel del páncreas
En el duodeno, la ingesta es neutralizada por la bilis. Mediante la secreción del páncreas, que contiene fermentos disociados de las proteínas, lípidos e hidratos de carbono continúa la descomposición de los alimentos. La bilis además emulsiona las grasas y vuelve a ampliar de este modo su superficie para que las lipasas, fermentos disociados de las grasas, puedan actuar mejor. En el intestino delgado comienza la absorción de los productos de la descomposición de los alimentos. En el intestino grueso prácticamente se reabsorben tan solo el agua y las vitaminas contenidas en ella.
Las venas de los intestinos llevan el producto de la asimilación recogidos al hígado, donde de acuerdo a la oferta y la demanda se convertirá en proteínas, grasas o almidón.
Los productos de la descomposición de los alimentos ya transformados son llevados desde el hígado por el torrente sanguíneo a los lugares de consumo como sustancias constituyente o combustible. Las cantidades no utilizadas son depositadas en diversos lugares del cuerpo en forma de tejido adiposo.