Una real cédula de 1789 impone horarios minuciosos para los jornaleros y esclavos, decía así: “:..se han de levantar a las cuatro de la mañana, para beber mate y entrar inmediatamente al trabajo, a la hora y media que estén en él, se les dará otro mate; media hora después, almuerzo, a la hora de éste, otro mate, y de ahí en adelante, hasta que salgan del trabajo, toda el agua fría que quisieren. A las once y media hora se irán a sus casas, donde descansarán media hora, y a las doce se les dará para que duerman la siesta hasta las dos, en que se despertarán dándoles mate y volverán sin demora otra vez a la faena. Allí, con igual distribución de tiempo se les servirán dos mates, y después toda el agua fría hasta que del todo dejen el trabajo, que será una hora después de entrado el sol, de modo que en todo el discurso del día se les darán seis mates, con los dos que en las casas tomarán, mañana y tarde, antes de ir al sembrado…”
Después de rezar los niños, estudiaban en sus respectivos cuartos –de cinco y treinta de la mañana hasta las siete-,, luego el desayuno y una hora de clase, , luego de cuatro horas el almuerzo, siesta hasta las tres y estudio hasta las seis treinta, un poco de tiempo libre, organización de tareas, oraciones , cena y a dormir.
En los colegios internados como el prestigioso Montserrat –Córdoba- las jornadas eran agotadoras; En el verano los estudiantes se levantaban a las cinco y en invierno a las seis. Después de misa del alba, se regresaba al aseo del cuarto. A las once y media se realizaba el repaso con los docentes, a las doce hora de comer y hasta la una, recreo. Se regresaba al cuarto hasta las tres, luego de tres a cinco clase, cena alas ocho –por lo general mazmorra y carbonada-, hasta las nueve se cantaba y tocaba el piano, luego un rato de meditación y las diez al cuarto para el descanso.
En cada Iglesia el sermón era el domingo, las ciudades adquirían un estado solemne los jueves y viernes Santo –eran considerados además días de gala para asistir a los respectivos oficios por lo que además cerraban los comercios- , se realizaban importantes festividades, eventos como procesiones, todo el mundo enterraba una ropa en los días de Semana Santa. Una de las procesiones mas llamativas eran las denominadas de sangre; hombres vestidos de blanco, con la cara cubierta y las espadas desnudas, flagelaciones y heridas cortantes daban marco a un espectáculo dantesco. Los curas se sentaban en una silla frente alas parroquias para examinar las conductas de los fieles e infieles, se entregaban unas cedulitas cuando asistían a comunión, confesión o a “examen” con algún clérigo, luego se pasaba por los domicilios particulares a retirar las cedulitas y se anotaba quienes no habían cumplido con sus obligaciones parroquiales.
La procesión de Corpus Christi era precedida por danzarines y mascarones y por “monstruos infernales2 que por lo general asustaban a los niños, las calles eran engalanadas con arcos de ramas con laurel, hinojo y otras fragancias. Las fiestas mayas por otro lado tenían un carácter mas masivo y popular, eran consideradas verdaderas festivales, había bailes y danzas, fuegos artificiales, salvas y discursos.
Por lo menos se dormía la siesta y se podía tomar mate en el trabajo…
Fuente; Cicerchia Ricardo: Historia de la vida privada en la Argentina. Troquel. Bs. As. 1998.