En estos días he recibido muchas informaciones de las medidas y actuaciones de buenas prácticas de políticas públicas sobre seguridad vial llevadas a cabo en España.
Mis amigos muestran jubilosos esas iniciativas, de tal suerte que allí, tanto el Estado como la sociedad ha tomado seriamente el Plan Nacional de Seguridad Vial, al punto que sus inquietudes han traspasado las fronteras europeas con iniciativas, postulados y principios iberoamericanos en defensa de la vida.
La propuesta de la Creación de la Asociación Iberoamericana de Seguridad Vial que se pondrá en vigencia a partir del próximo febrero en Madrid, con el auspicio de la Secretaría General Iberoamericana y otras instituciones, trae consigo nueva esperanza con la aplicación de un posible plan estratégico regional para motivar a los Jefes de Estado y de Gobierno a poner mayor atención a esta problemática que afecta considerablemente las economías de los pueblos de bajos y medios ingresos.
El gobierno español dispuso recientemente más de 1,200 millones de euros en su programa de inversión consistente en mejora y mantenimiento de la infraestructura vial para los próximos tres años.
Esta decisión se enmarca dentro del Plan Regional Europeo por disminuir los índices de siniestralidad por circulación. De tal manera, que no solo la Península Ibérica, como se registra en España y Portugal, también todos los países del viejo continente tienen como prioridad, de forma particular en su hoja de ruta, la Seguridad Vial.
Prueba de lo cual, se convocará próximamente en Rusia, la denominada Conferencia Mundial Ministerial sobre Seguridad en las Vías.
Entre las actuaciones encargadas al Ministerio de Fomento y a la Dirección General de Tránsito de España, se enumeran: la corrección de los tramos de concentración de accidentes; la instalación de nuevas redes semafóricas; la reprogramación de semáforos existentes; la colocación en gran envergadura de señales de tráfico de todo tipo, de barreras de seguridad; hasta la rectificación de curvas peligrosas en carreteras y ejecución de un programa de iluminación.
No se si en todo el territorio español se contempla no construir nuevas vías en los años venideros como se ha verificado en algunas provincias importantes, pero si invertir en reparación y recuperación de las rutas existentes, y sobre todo en la mejora de la explotación de la infraestructura; en auditorias de carreteras y en avances de la gestión e información de tráfico.
Traigo a colación estas informaciones para que sirvan de reflexión, y se vea la gran trascendencia que tiene el tema en los últimos tiempos para los gobiernos de casi todo el mundo.
República Dominicana no escapa de estos males del transporte y el tránsito vehicular. Así como de los usuarios peatonales de las vías. Sin embargo, con iniciativas mediáticas y temporales no conseguimos trascender de manera positiva en mejora de los indicadores de siniestralidad que se han venido registrando por décadas, que es lo que hemos hecho hasta el momento.
Estos índices son cada vez más dramáticos porque tienen una correlación con el crecimiento del parque vehicular, fundamentalmente en motocicletas, y con la desigualdad social, por el alto nivel de las estadísticas de muerte en peatones y el aumento de jeppetas.
Hoy día existe un movimiento institucional en el mundo que promueve estimular la seguridad en la circulación comprometiendo a los Estados a elaborar y ejecutar políticas públicas que involucre a la sociedad, ya que las tragedias que se suceden en las vías afectan y limitan sus presupuestos y gastos públicos dándole otro sentido institucional a las entidades que fomentan las normativas de circulación y construcción de vías.
Esto último, a propósito que en nuestro país para los años subsiguientes se espera una cuantiosa inversión en la construcción de una nueva red viaria, que sin dudas transformará el estado actual de desarrollo de la nación. Si observamos que otros países se avocan a corregir lo que ha generado un problema de seguridad a gran escala, no cometamos los mismos errores para luego gastar en corregirlos para prevenir accidentes.
La infraestructura viaria es un factor de riesgo de los accidentes de tránsito y por tanto hoy se trata como un elemento esencial de la Seguridad Vial.
Este nuevo concepto para enfrentar la epidemia de muertes en carretera no es una inquietud particularmente mía; ya la promueven en todo el mundo personalidades como el Presidente Oscar Arias Sánchez, su majestad Príncipe Michael de Kent y organismos multilaterales.