Historias de los buenos aires, de mi Buenos Aires, querido….
En un cruce de geografías, con el obelisco como mudo testigo ya acostumbrado al aturdimiento del smog y el sonido, acordonado a una calle con míticas baldosas repletas de crónicas porteñas, el hombre maduro, de oficio taxista, baja la bandera. Sabihondo, de haber visto, tanto loco suelto y tanto suicida. De haber distinguido a la luna paseándose oronda por callao. Tallada su alma a fuerza de haber vivido. Tiene en los bolsillos más de un par de buenos consejos, con tinte tanguero, mezclado con rock de sus nietos, que sirven para tomarse las cosas con soda. O al menos un poco más Light. Sino, la presión y el colesterol están al acecho, para raptarte como rehén, es su filosofía casera. Ella, una dama, que ya no sale de noche. Pero que esta vez, la caída del sol, la pesco in fraganti. Ambos, que ahora comparten un efímero trayecto, coinciden en que los aires, del Buenos Aires, querido, ya no son tan buenos. Pero sin embargo, con sus 58 abriles a cuestas, él aún cree, en los romances. A las mujeres y menos, aún a las damas no se le pregunta la edad, pero, Ella, debe lucir unas rozagantes, 60, primaveras. Ella que frunce el seño y le dice, pero UD. Se arroja a los leones, aventurándose en estos tiempos, aún al romance. Y ofrece una diatriba sobre la época de los compradores de promesas. De la eterna juventud. Del descarte de lo viejo y de los viejos y viejas. De que pulula el plástico y lo descartable como signo de los tiempos. Para defenderlo de las garras de una realidad que solo adula a la juventud y fagocita a todo el resto. Pero el dice, a pesar de todo, que nunca supo vivir de otra manera. Y ahora que está nuevamente solo, después de una vida entera compartida, y a esta altura de los acontecimientos y edad, no puede cambiar. Y todavía cree en Romeo y Julieta. Ella, impotente, sonríe. Su misión fracasó. Con un toque de resignación, de fascinación porque el se atreve a lo que ella ya cerró sus compuertas. Aunque el amor y el romance sean su más grande secreto y anhelo. Abre la puerta. Ha llegado a destino. Palermo Viejo, ya la espera. Pero por las dudas, le deja a él, de recado, que le de un beso de tenue rouge al Buenos Aires, de siempre. Pero de noche. Cuando se hacen más intensos y tiernos, los besos de los amantes. Al Buenos Aires, que como muchos, están más allá del bien y del mal. Al Buenos Aires, imposible dejar de querer. Tan vilipendiado que ya no es el de antes, ni el de entonces, pero sigue siendo él, mezcla de reo con malevo. Mezcla de tiradores con jeans. Mezcla de bohemias historias. Muestrario de cada uno fiel a su estilo y devoto él al estilo de todos. Manteniendo aún febril la mirada. Y viejo hechicero que ha encantado a todos los que no pueden irse de su morada e influencia. El autor del encantamiento que hace que los otros tantos que se fueran, mueran de nostalgia y melancolía, por querer volver. Muestrario de looks de transeúntes oficinistas por la mañana. Y de rutilantes lentejuelas y brillos como estrellas fugaces por la noche que aún quiere reeditar Moscazo, pizza y fainá, aunque cada vez se le haga más imposible. Exhibicionista de los porteños que llevaban su porteñidad en el ojal, en los ojos, en su andar y hasta en su acento. Pero cada uno a su manera, absolutamente personal, como el anónimo taxista, apostando y atreviéndose a encontrar el amor, a la vuelta de cualquier esquina.
MONICA BEATRIZ GERVASONI
morochaurbana
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Mamá de dos hijos. una adolescente y un huracán de cuatro años presto a ingresar a su jardin de infantes. dueña de una gata. periodista free lance, ex colaboradora de uno mismo, kiné, sex humor. la nación on line. Actualmente colabora con clarín, una carta una historia. en www.sosperiodista.com, en www.vivirenplenitud.com,en www.articuloz.com, www.gacetillaspopulares.com
Fuente del Artículo: http://www.editum.org/autor-188=Monica-Gervasoni.html
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