Depresión, niños… son dos términos que naturalmente uno tiende a no asociar. Sin embargo la depresión en niños es muy frecuente. Uno de cada treinta y tres niños sufre de depresión. En Estados Unidos la estadística incluye a un 2.5 % de la población total de niños que sufren de depresión.
El concepto de depresión explica que es un estado mental que se caracteriza por sentimientos permanentes de tristeza, desesperación, pérdida de la energía y dificultad para manejarse en la vida cotidiana normal. Otros síntomas de la depresión incluyen sentimientos de inutilidad y desesperanza, pérdida del placer en la realización de actividades, cambios en los hábitos de alimentación o dormir, y pensamientos de muerte o suicidio.
La depresión en niños es, a primera vista, más difícil de comprender. Es otra cosa muy distinta a tener un día malo, o sentirse triste por una perdida. No es una debilidad personal, o un rasgo de carácter. La depresión en niños, cuando se presenta, es profunda y dolorosa y los niños, simplemente, no pueden acabar con ella.
La depresión en niños es un problema grave, afecta sus sentimientos, pensamientos y acciones y puede presentarse somáticamente como una enfermedad física. Los niños que han sufrido una perdida grave o evidencian problemas de atención, aprendizaje o conducta tienen mayores posibilidades de sufrir de depresión. Y cuando han superado un episodio depresivo, las probabilidades de volver a deprimirse en los cinco años siguiente aumentan significativamente.
Como reconocer la depresión en niños. Existen síntomas que permiten identificar la depresión en niños. Los cambios de hábitos en dormir y en la alimentación, el bajo rendimiento escolar o la ausencia a clases, la suspensión de actividades que significaban algo placentero, la tristeza permanente y la desesperanza, los problemas con las autoridades, ataques repentinos de cólera o furia, la falta de entusiasmo, fatiga crónica, exceso de agresividad en los juegos…
La depresión en niños que presenta síntomas adicionales como alucinaciones, ataques de pánico o insomnio crónico deben ser observados cuidadosamente puesto que el riesgo de ideas suicidas se incrementa peligrosamente.
Como padres, es importante no ignorar los síntomas de la depresión. Hablar con los niños, preguntarles hasta comprender de qué manera piensan, tomar los indicios de sus respuestas y estar muy atentos es fundamental. Si su hijo sufre de depresión usted puede ayudarlo estableciendo rutinas y manteniéndolas, marcando límites y tranquilizando al niño demostrándole cuanto lo quiere. Y, por supuesto, busque tratamiento médico si nota que el aislamiento o la pena han pasado los límites de la normalidad.