La homeopatía no reniega de la medicina tradicional, ni tampoco del método científico que la caracteriza. Es más: los usa a su favor, después de todo, el primer diagnostico que tiene que hacer el médico homeópata es la enfermedad, para evaluar el riesgo, analizar las probabilidades terapéuticas, dar un pronostico y seguir su evolución. Es por eso que todos los homeópatas son, antes de realizar esta especialidad, profesionales médicos.
De todos modos, es muy común que los medicamentos homeopáticos se empleen como complemento de los tratamientos médicos tradicionales. Esto no es negativo, pero si es innecesario. Por supuesto que las enfermedades más serias como el cáncer o el sida no pueden tratarse simplemente con la ayuda de los medicamentos homeopáticos. Pero los malestares mas comunes de nuestra época, como el estrés y sus consecuencias físicas, las ulceras o el asma (por nombrar solo algunas) pueden curarse completamente gracias a la homeopatía y sus medicamentos.
Cierto es que el diagnostico es complicado, es necesario encontrar el medicamento especifico que cada persona, en particular, necesita, pero un médico calificado y de confianza se encargara de realizar un examen exhaustivo antes de decidirse por una prescripción. Las dosis infinitesimales están diluidas y dinamizadas lo que les otorga un poder de penetración y una energía mayores que los medicamentos tradicionales cuando la prescripción es correcta Los mismos médicos homeópatas reconocen que esta disciplina no ofrece soluciones mágicas, sino que tiene sus limitaciones como toda practica médica.
Estos límites presentan tres orígenes: las limitaciones del enfermo, de la enfermedad y del médico mismo. Los dos primeros factores se vinculan íntimamente y tienen que ver con el grado de desequilibrio de energía que ha logrado el paciente. En el caso del cáncer las posibilidades de la homeopatía son limitadas ya que la enfermedad responde muy poco al equilibrio energético, una vez instalado en el cuerpo funciona como un invasor del organismo biológico por lo que es necesaria la intervención quirúrgica y el tratamiento con quimioterapia. En este caso la homeopatía es fundamental para reestablecer la armonía vital. El tratamiento homeopático mejora el pronostico, reduce el dolor físico al punto que los analgésicos son innecesarios, favorece el estado del sistema de defensa y mejora el estado de animo lo que es fundamental para la lucha contra el cáncer. La tercera limitación implica al médico porque este debe poseer una sensibilidad delicada para evaluar el estado del paciente y prescribir correctamente. En este sentido, elegir un homeópata es como elegir un psicólogo, es necesario sentir que uno como paciente se conecta con el profesional.