La tradición mexicana de comprar vivo al guajolote (o en su nombre originario; náhuatl de huexolotl) para cocinarlo en la Nochebuena ha sido reemplazada por la invasión comercial y cultural en los anaqueles comerciales de pavos pre-cocinados, de los que en 2005 se vendieron 3 millones de esas aves desplumadas. Esa costumbre se ha perdido en la capital, pero en los estados del centro de México desde el 12 de diciembre, fecha en la que se venera a la Virgen de Guadalupe, se puede observar que la venta de estas aves forman parte de las fiestas navideñas.
En Argentina es infaltable el “asadito” festivo de lechón, cordero o carne vacuna reemplazada en algunos casos por una gama de comidas frías (lengua, pollo, arrollados, peceto, etc.) pero consumimos además toda una gran variedad de alimentos de alto valor calórico, como avellanas, nueces, turrones, confituras de todo tipo, acompañados de pan dulce y bebidas en abundancia siendo el dato llamativo que gran parte del país padece en diciembre temperaturas muy elevadas, mas allá de la importancia que posee la reunión familiar, el árbol reemplazó al pesebre, los obsequios y los fuegos de artificio desplazaron la liturgia cristiana histórica y tradicional. El sentimiento de religiosidad popular ha sido subordinado al sentimiento consumista prevaleciente en otras latitudes.
En México siguen siendo muy populares las llamadas “posadas”, que se inician el 16 de diciembre. Durante nueve días, estos festejos representan la petición de abrigo que la Virgen María y San José hicieron a la espera de la llegada del niño Jesús. En los barrios se recorren las calles con velas prendidas, mientras pasean la imagen de la Virgen y San José, hasta que llegan a una casa donde, mediante el canto de villancicos, solicitan posada. Allí se celebra entonces el festejo, en el que niños y adultos rompen una olla de barro revestida de papel, con dulces en su interior. La rotura de la piñata simboliza la lucha entre el bien y el mal, que termina con el premio de los dones que caen del cielo. Después son obsequiados con comida y el tradicional ponche, hecho a base de guayaba, tejocote, caña, manzana y ciruela pasa. También se sigue manteniendo la tradición de las pastorelas. En la capital mexicana es cita obligada para quienes la visitan por Navidad la que se representa en el convento carmelita del barrio de San Ángel.
Con un espectáculo teatral centrado en la eterna pugna entre el bien y el mal, uniendo el fervor religioso al gusto por el humor y la sátira, las pastorelas son representaciones alegóricas populares típicas de Navidad que sólo existen en México, algo así como un género teatral autóctono cuyos orígenes se remontan a la llegada de los españoles en el siglo 16..
El adorno tradicional en México sigue siendo el Nacimiento o Belén, como lo es también en Ecuador, cuya capital, Quito, cuenta con el que es, probablemente, el mayor belén del mundo que se instala cada año en el mítico cerro del Panecillo, donde refulgen miles de luces durante todas las fiestas. Pero durante dos semanas estará acompañada de las figuras del Niño Jesús, San José y los tres Reyes Magos, todas ellas construidas con miles de luces que dominan toda la capital ecuatoriana desde la loma del Panecillo, el mirador natural de la urbe.
En Venezuela, uno de los puntos culminantes de la Navidad se da en los estados andinos de Táchira, Mérida y Trujillo, se trata de la Paradura del Niño, que consiste en pasear al Niño Jesús el 24 de diciembre en un pañuelo de seda, con cantos y procesiones. El día de la celebración, músicos, cantantes, rezanderos y padrinos entonan coplas pidiendo al Niño Dios que bendiga las casas y los campos. Cuando termina el paseo, el Niño se vuelve a colocar en el Pesebre, pero de pie.
En la mesa, los venezolanos no suelen perdonar el tradicional pernil de cerdo horneado, junto con la autóctona “hallaca”, una ensalada de gallina y pan de jamón. Las "hallacas", que se cocinan hervidas, son elaboradas con harina de maíz, a la que se le da el color típico amarillo de la especia onoto, y un relleno que mezcla carne de pollo, de res y cochino, con pasas, aceitunas y otros ingredientes envueltos en hojas de plátano.
Con un poquito de sobras de "allá" y otro poquito de "acá", dice la tradición sobre el origen del nombre de la "hallaca", un alimento que elaboraban los esclavos negros con los restos de la comida de sus patrones en la Venezuela colonial.
Cuba es otro país donde el cerdo es plato obligado en las mesas es Cuba, donde la celebración de la Navidad fue autorizada oficialmente tras la vista del papa Juan Pablo II a la isla, en enero de 1998.
En Belén, situada unos seis kilómetros al sur de Jerusalén, tiene lugar la más emotiva misa del Gallo del mundo en la noche del 24 de diciembre. En su plaza, llamada del Pesebre, se organiza cada año un festival internacional de villancicos con la participación de los coros más importantes de la cristiandad. Y a miles de kilómetros, en Laponia (Finlandia), se alza la mitología paralela navideña, la pagana de Papá Noel, imagen que millones de ciudadanos del mundo entero ha ido incorporando a sus costumbres. En Laponia se celebra probablemente la Navidad más triste del mundo, ya que las familias se reúnen en un rito de unidad y protección, y a la luz de las antorchas acuden a los cementerios nevados para honrar a los que se fueron para siempre.
En el extremo opuesto, y al margen de las costumbre íntimas de cada familia, Nueva York es el símbolo del occidente enloquecido en estas fiestas. Este afán consumista en todo EU ha hecho saltar las alarmas a los cristianos más conservadores, que ven esta tendencia como una campaña dirigida a suprimir la esencia religiosa de la Navidad. Estados Unidos es una nación consumista y, a sabiendas de las aglomeraciones, sus residentes invaden la Quinta Avenida de Nueva York, las boutiques selectas de Beverly Hills en Los Angeles, las tiendecitas de Dupont Circle en Washington y los centros comerciales en cualquier esquina del país. La economía depende de ellos. Dos tercios de la actividad económica de EE. UU. es producida por el consumo y la Navidad es el clímax de esta pasión o vicio, según el punto de vista. En el Viejo Continente, el consumo también se lleva al paroxismo. París en esta época es más Ciudad Luz que nunca, en los Campos Elíseos especialmente. Y relucen los escaparates de las Galerías Lafayette y de las elegantes boutiques de Lacroix, Chanel, Dior... Aunque los precios son prohibitivos para la mayoría de los mortales.
Londres es asimismo lugar de delirantes posibilidades de compras, como ciudad probablemente más genuinamente comercial del mundo. En estas fiestas privadas, los famosos "parties", la gente luce su uniforme, su esmoquin y su traje de noche, más o menos largo. En la cena de Navidad sobresale el pavo relleno, el salmón de Escocia y el puding de Navidad.
En Roma, el árbol de Navidad está ya hasta en la propia plaza de San Pedro, junto al Belén gigante con figuras de tamaño natural. La angula, el pavo y el tradicional dulce "panettone" componen la cena típica de los italianos en Nochebuena.
En Tokio, donde los cristianos pueden contarse con los dedos de una mano, la fiesta de la Navidad tiene cada año mayor importancia. Se celebra una cena en casa o en un restaurante y se espera la llegada de Papá Noel que trae los regalos.
En la vecina China, cada año es más frecuente ver camareras disfrazadas de Papa Noel, felicitaciones en mandarín, árboles artificiales y hasta las rebajas que palian la tristemente famosa “cuesta de enero”.
Según una encuesta realizada entre 2 mil personas por el Instituto de Estudios Sociales de China, el 90 por ciento de chinos con edades entre 15 y 45 años celebró la Navidad en años pasados, al tiempo que el consumo de productos navideños se incrementó entre un 5 y un 10 por ciento.
Que bueno sería para nosotros (y no por cierto para las grandes cadenas comerciales) volver a las fuentes, donde los sentimientos de unidad y agradecimiento ocupaban un lugar central en estas festividades, donde la familia, la cultura autóctona y el sentir religioso representaban lazos de identidad y reconocimiento entre los pueblos. Que bueno sería llenar nuestras copas con una alta dosis de humildad y de solidaridad para los mas necesitados. Que bueno sería adoptar como modelos a seguir a esos pueblos y países latinoamericanos que mantienen esas valiosas tradiciones y no los fríos excesos del norte. Y para vos que representa la Navidad ¿?...