No hallé lugar de huida, ni hay
quien piense en salvar mi alma.
San Francisco de Asís.
A María Mercedes Molina, mi amiga.
Eran como las diez de la mañana de un día domingo, me tomaba un tinto mientras con mucho desespero aguardaba el momento en que Toño Real me recogiera en “El Machorrito” —un toyota viejo, que le había dado su padre, cuando dejo de estudiar medicina—. Yo tenia afán por ver a Zunilda, una india guajira bien formada, sus cabellos negros le bañaban su espalda por completo; sus ojos de color miel, su nariz fileña y labios vuluptuosos engalanaban su rostro. Yo estaba de amoríos con ella desde el día en que la encontré bañándose desnuda en la quebrada que está cerca de la casa del viejo Andrés, en el Hatíco. Fari fari, fari fari...! el pito de mi comprade. “Vamos Vega, que nos espera la chinita”. Compramos aguardiente y nos fuimos para Bangañita, ranchería donde me esperaban para la compra de la india. “El Machorrito” se quedó varado después de la quebrada, como mandado de DIOS, en toda la puerta del viejo Andrés. Mientras el compadre Toño intentaba arreglarlo yo me puse a conversar con el viejo. —Pá onde van muchachos?, preguntó el viejo.
—Estoy enamorao! voy a comprá a Zunilda la hija de Chentón, el que vive en Mangañita, le dije.
— Ese indio es jodío, pero buena gente..... Que hay por el Valle? esa gente va a morí engañá con el cuento ese de que a Francisco el Hombre le salió el diablo tocando los pitos y él se lo ganó. Mijito como tú eres guajiro de los mamaos te voy a contá la verdadera historia de Francisco el Hombre, porque yo lo conocí cuando venía a bebé rón, ehá cuentos y a medio tocá el acordeón a estos lares.
—A medio tocar o a tocar?. En valledupar todos dicen que era el chacho tocando!.
—Escuchame. Francisco Moscote, llamaban, él vivía en Legua Arena, eso queda por los láo de Macho Bayo, llegando a Monguí.. tu debei conocé. Tenía un acordeón de dos hilera e’ pito, como el que carga el viejo Víctor Mosquita. Tú te acordái de Victor Mosquita?
—Claro viejo, Víctor es el que se la pasa con un acordeón antiguo colgado al pecho y montado en los buses que viajan por todos estos pueblos.
—Ese mismo. Bueno, Moscote vestía de un solo color, con guaireñas, sombrero alón, una mochila de fique terciá bien taquiá de tabaco y una botella de chirrinchi del bueno, de ese que hacen con panela casco e’ burro, era buen verseador y enamorao, pero no tocaba mucho.
—Déjese de vaina viejo Andrés! que por algo es reconocido...
—Nojoda! muchachito, yo lo veía a ca’ rato, lo que pasa es que la gente del valle se han robao las vaina’ de la Guajira, los músicos eran de aquí, paisanos tuyos nojoda!.
—Pero no coja rabia, tómese otro trago.
—No me interrumpai má, pendejo, que ye estoy diciendo una vaina importante, pa’ que saquei pecho por tu tierra.
—Discúlpeme.
—Puaquí se acostumbraba entre los acordeoneros, que cuando se encontraban se ponían como a picá, pa’ ve quien tocaba má, y se invitaban con versos o por intermedio de los amigos. En Fonseca vivía un negro alantico de lo que hoy es la Vocacional, de gusto ese tipo, tenía el jardín de flores más grande que yo haya aguaitáo en to’ a mi vida, —que friega tan grande, tenia como cinco hectárea de pura flores, en ve’ e’ sembrá yuca o plátano, pero lo de la florecítas era pa’ que las mujeres fueran allá, empreñó un poco’ e hembras, había años que le parían hasta tres y cuatro, tuvo como ochenta hijos—; ese negro tocaba el acordeón y lo tocaba bién, pero el hombre no bebía ron.
—Eso si es raro viejo Andres. Pitre no se los pegaba?
—De vaina bebía agua. Deja seguí. Una vez supo que Moscote venía a parrandeá pa’ cá pá’ la provincia y lo retó pa’ unas fiesta’ de San Agustín, cuando el padre era.... carajo no recuerdo el nombre pero, era de Bañeres, España. Yo no se como se enteró Francisco Moscote, que en Fonseca estaba un negro, que había venío de las Antillas, que empreñaba mujé en pila, que no tomaba ron, que sembraba florecítas y que lo desafiaba a él a tocá en las fiestas de San Agustín. A ese negro... llamaban Luis Pitre.
—Luis Pitre el de la descendencia de toda la “Pitrajá” ahí en Fonseca?.
—El mismo. Ese hombre si tocaba; lo que hace Diomedes ahora cantando de atra’ pa’ lante y de a’ lante pa’ trá, “yo te quiero mi Maye, juepa!, mi Maye yo te quiero”, lo hacía Luis Pitre con los pito’ el acordeón. Ese si era el chacho tocando, ese era un mañoco, un diablo con los pitos.—Siga que esta vaina está buena!.
—No pasó mucho tiempo y efectivamente se enfrentaron en la plaza del pueblo, yo estaba peláo pero recuerdo que Moscote sudáo de tanto tocá le dijo a Pitre, compa usted toca y toca bien, pero yo voy a volvé el año entrante pa’ vé quién es quién, porque tu tenéi un tocaíto raro y yo te prometo que cuando nos volvamos a encontrá te lo voy a cogé al derecho y al revé.
—Moscote estaba perdido!.
—....Echame otro trago, que está muy hablao!.
—Tómeselo viejo Andrés!.
—Así fue la vaina del tal Francisco el Hombre, Luis Pitre es el tal diablo que dicen en el Valle. Le metió una sulimba aquí en plena plaza y eso alborotó má a las mujeres, en esos día’ Pitre andaba engreío.
—Pero viejo, si dicen que el tocó un rezo al revés....
—Vea mijito, lo que yo le toy contando lo ví, no fué que me lo dijeron. Escuche en pito; fari fari, fari fari, fari.....
—Vamos Vega!, nojugue no me dite ni un tragito y te mamate media botella!, reclamó Toño.
—Nos vemos viejo Andres.
—Juicio y cuidao con el indio Chentón que dicen que tiene el corazón del lao derecho......
Nunca supe lo que nos quiso decir es día. Cada vez que iba a visitar a Zunilda llegaba donde el viejo Andrés, le tocaba el tema de Francisco el Hombre pero nunca me quiso contar más. “Mijto pa’ qué preguntai, si no me creéi..... andá a dale vuelta mejor a tu hijo y de allá pa’ cá me traéi un cuarto e’ chivo y una botella e’ churro”, siempre me decía. El viejo Andrés yá murió.