"Existían libros en que los indios sabios anotaban sus conocimientos sobre las plantas, los animales y las cosas"
José De Acosta, - Viajero por México en 1568.
El antiguo hombre americano tuvo originales métodos para hacerse entender a través del tiempo y las distancias. Aún hoy asombran las civilizaciones que se desarrollaron antes del arribo de los hombres blancos, no sólo por sus monumentales templos, ciudades y redes camineras, también hubo quien hiciera las veces de periodistas, tanto orales, como escritos, como gráficos; cronistas minuciosos y mensajeros que portara eficazmente todo aquel material a través de rutas trazadas de ex profeso.
Hasta el menos informado sabe de los mensajes de humo, de los códigos trasmitidos por tambores y atabales de una tribu a otra para alertar peligros, pedir socorro, invitar a fiestas de magnas ceremonias rituales o también justas mágico-deportivas. Con el correr del tiempo tales comunicaciones se fueron perfeccionando con sistemas tan inteligentes como acelerados. Corrían por el imperio incaico las noticias más rápidamente que en Europa de los mismos tiempos y eso que ellos poseían caballos. Aquí la celeridad se daba por el original método de chasquis que eran atletas adiestrados en la carrera, que cada 20 km. y medio, en las postas se cambiaban por otro de refresco. Los caminos se trazaban en la montaña, en la selva o en el más pavoroso desierto. Se han encontrado túneles que oradaban las montañas para acortar distancias. Los caminos del incario se extendían hacia los cuatro puntos cardinales asegurando al inca el conocimiento de lo que pasaba hasta en los confines de su reino. Desde Cuzco hasta Mendoza, desde las selvas del Brasil al Pacífico. Desde Quito hasta el "Ombligo del mundo" que era Cuzco. El camino del Inca todavía existe y es útil.
Muy cerca de nosotros y hasta el siglo XIX, los ranqueles también trazaron las rastrilladas, caminos que iban desde las tolderías a las aguadas y hasta otros centros poblados. Maravilla de los ingenieros viales de la actualidad su trazado: por la línea más recta y corta. Cuando los presuntos civilizados las transitaron las aceptaron por lo óptimo de su traza. Se llamaron rastrilladas por la profunda huella que dejaban las tacuaras llevadas a rastra por aquellos indómitos jinetes, para aliviar a sus caballos. Las tropas de ganado y los malones pasaban por esas rutas y cavaron una honda zanja que aún puede verse al sur de Córdoba y en algunos parajes solitarios de La Pampa.
Protoperiodistas y cronistas del incario
Según el criterio accidental y europeo, los incas no tuvieron escritura, pero estudiando detenidamente su sistema informático, los quipus lo fueron, como también los dibujos de grecas y demás grafías dejadas en las vasijas de cerámica, en los tejidos y los petroglifos.
El sistema de quipus eran cuerdas coloreadas y anudadas según códigos precisos, que necesitaban del aporte de un "quipucamayoc" o interpretador, sabio que los traducía a los creaba. Tales códigos eran un extraordinario resorte memónico empleado para enviar noticias escuetas y secretas, contabilidad del imperio, partes de guerra, invitaciones y trueques.
De Quito a Cuzco los chasquis recorrían 2000 km. en sólo seis días. Los mensajeros de relevo esperaban al que llegaba y emprendían la veloz carrera hasta el próximo Tambo, donde otro descansado y bien alimentado lo esperaba. Debían sortear ríos embravecidos, tormentas nieve y desiertos.
El chasqui llevaba un látigo, y una porra para defenderse. En una mochila llevaba el mensaje que era sagrado, mejor morir que entregarlo. También hacía sonar un caracol para avisar su pronto arribo, para que el que lo esperaba siguiera su ruta. En sus pies llevaba sandalias o Ushutas y se abrigaban con un poncho.
Otra manera de dejar mensajes era lo dibujado en los huacos, pucos y arívalos. Los maravillosos dibujos tienen significado. Las grecas geométricas que se nos antojan decorativas, no son tal cosa sino oraciones votivas a los dioses, impetraciones por agua o abundancia. Acompañaban a los ritos de fecundidad y a mensajes "al más allá". Las vajillas funerarias son todo un tratado de como mandar al difunto a la otra vida con las recomendaciones de los vivos. Esta labor era ejercida principalmente por mujeres.
Las mujeres mochicas dejaron un maravilloso testimonio de como eran las relaciones amorosas y sexuales de su pueblo que fue conquistado por los incas. Se trata de la "cerámica parlante" donde han dejado el testimonio de la arquitectura, la medicina, las costumbres y vida hogareña de este pueblo original, hedonista y desprejuiciado. Estas mujeres fueron las primeras cronistas e historiadoras de que se tenga memoria.
Los ratones espías y Montezuma
Los aztecas copiaron de los mayas la escritura jeroglíficas que luego paso a ser ideográfica. Ya estaban en el período de suplantarla por el silabeo cuando llegaron los blancos y destruyeron los libros sagrados llamados códices, donde habían reflejado no sólo su historia sino toda su sabiduría. En el palacio de Montezuma había 40.000 códices que al llegar Cortés los mandaron a la hoguera porque suponían cosas de brujería.
Así se perdieron para siempre los rastros del pasado mexicano. Montezuma tenía un escogido grupo de cronistas o periodistas de aquellos tiempos que todo lo registraban en sus códices: viajaban munidos de todos los elementos, pinturas, pinceles, rollos de amatl, una especie de pergamino vegetal hecho con la corteza de una higuera a la que blanqueaban con cal. Sobre ella registraban, en dibujos y códigos todo lo que acontecía. Eran algo así como los gráficos de hoy. Un verdadero ejército de informantes se metía por mercados, templos, palacios buscando noticias de lo que interesaba al monarca. Eran los "quimichi" o ratones espías. Una vez registrado el mensaje ideográfico era enviado al monarca por una verdadera red de mensajeros que pasaba de posta en posta hasta llegar a destino, la corte de Tenochtitlan. Allí los sabios secretarios o Concejo de Voceros separaban los importante, que era puesto a consideración del monarca. El último emperador azteca, Moctezuma había sido elegido por una particularidad muy de nuestro tiempo que hubiera hecho las delicias de los adictos a la televisión y sus estrellas, su nombre quiere decir precisamente "Venerable Orador" y aquel equipo de quimichis o cronistas que fizgaban por el reino no vendrían ha ser otra cosa que un organizado staff dispuesto a brindar al jefe de estado todas las noticias y novedades que lo acechaban.
Ellos fueron los que ocultos entre la maleza de la costa dibujaron las naves de Cortés y dijeron de ellas que "eran casas con alas", tal como suponían eran las velas. De allí y por lo que luego se imaginaron habrían bajado "los dioses".
Tal equivocación fue fatal para el sabio y elocuente Moctezuma, que cuando le quiso explicar a su pueblo enardecido quienes eran y porque los había recibido con tantos honores a los invasores, la turba lo mató a pedradas.
La historia posterior de América está plagada de oradores que no tuvieron el apoyo popular o más bien quedaron escarmentados por esta habilidad frecuente en la casta gobernante. Los quimichi son un antecedente del periodismo oficial.
De lo expuesto: nada novedoso en este aspecto nos trajeron los presuntos "civilizados". En cuanto a comunicaciones, nuestros antepasados indios tienen mucho para enseñarnos, desde la eficiencia hasta la lealtad. Violar el secreto era para perder la cabeza.