Pensar que la calidad del servicio del valor agregado es independiente y por demás ajeno a la calidad del producto que se comercializa, es una actitud equivocada.
Es común en Valledupar que al solicitar el servicio de un profesional de la salud, los clientes o pacientes, se vean sometidos a un mal trato en los servicios que estos ofrecen como valores agregados a su actividad. Si bien es cierto, estos valores agregados han despertado la competencia en el sector; las instalaciones físicas hoy son más confortables, la tecnología de apoyo es aceptable, etc. Es lamentable el lenguaje fluído, corporal y gestual de las personas que asisten de manera administrativa a los profesionales. En muchos casos contratan jovencitas sin la preparación suficiente y delegan en ellas la responsabilidad de atender a sus clientes. Jóvenes a las cuales la academia y el aparato comercial no las conoce. No obstante, al ser atractivas en su físico, a juicio de los profesionales de la salud, y con la ventaja de no tener que cancelarles el salario, que debe devengar una persona capacitada, se han convertido en una característica común en los consultorios. Sin caer en la cuenta cual es la importancia de sus clientes, ni siquiera como seres humanos, que sería lo que pensaría Hipocrates, como tampoco como elemento fundamental de su actividad comercial, al final es cada paciente el que lleva los recursos para su crecimiento, en términos económicos, que es lo que al final, en nuestro sistema capitalista, perseguimos todos.
Pero lo que es el colmo del mal trato es la distribución de la citas de atención. Te entregan una cita a una hora y debes esperar mucho tiempo para que te presten el servicio. Servicio, dicho sea de paso, que tiene una variación en los precios que no se justifican. El sistema del aparato prestador de la salud tiene una tarifas y cada profesional tiene otra en términos particulares, que son, a mi juicio, una expresión del sentimiento de no adaptarse a un sistema que ha sido generoso con sus finanzas. Claro, para los que se tomaron el trabajo de entenderlo y participar de el. Si preguntas a la joven si te atenderán, la respuesta ya es conocida: El Doctor está operando. Pero al doctor se le olvida que lo prioritario supera lo importante y nunca llama a excusarse con su cliente.