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Los Límites Biológicos del Amor
Los Límites Biológicos del Amor
por David G.
Número de Palabras: 1846   Comentarios(0)
 
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LOS LÍMITES BIOLÓGICOS DEL AMOR

El amor puede entenderse como un sentimiento interpersonal que todos hemos experimentado en un momento u otro de nuestra vida. Pero, ¿qué define con precisión tal sentimiento? Sin duda, una primera aproximación a esta emoción pone de relieve la intensa inclinación afectiva que sentimos hacia otra persona.

 Podemos sentirlo en nuestras pulsaciones, en nuestro estado de ánimo o en nuestra forma de responder. Ahora bien, ¿hasta qué punto la conducta amorosa está en nuestras manos? ¿Enamorarnos de alguien está bajo nuestro control o sufrimos las consecuencias sin poder tomar decisiones? Algunos autores sugieren directamente que somos títeres en manos de nuestro destino evolutivo y que el amor sólo es en un instrumento para favorecer dicho proceso de selección natural. Éste es el caso de Dawkins (2002), que se inclina por considerar a los seres humanos como máquinas de supervivencia […] programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células.

 En cualquier caso, la historia nos ha mostrado claramente que la comprensión global del amor es un gran desafío. Si deseamos resolver el enigma, es el momento de penetrar en la cara menos conocida del amor: sus raíces biológicas.

 
BUSCANDO UNA EXPLICACIÓN BIOLÓGICA

 Multitud de aspectos asociados con el amor, tales como la búsqueda de pareja, la atracción sexual selectiva, el cortejo y el enamoramiento parecen tener asociadas respuestas conductuales biológicamente pre-programados. Evidencias de ello las obtenemos al identificar restos de estas predisposiciones genéticas en animales no humanos.

Encontrar patrones amorosos compartidos entre especies que se encuentran filogenéticamente cercanas implica considerar la posibilidad de que puedan tener un origen y una meta biológica similar. En tal caso, ¿qué función cumplen estas respuestas? ¿De dónde surgen?

Investigadores como Yela (2002) apuntan que el fenómeno global al que llamamos “amor” nace como resultado de la combinación de dos elementos: los impulsos sexuales básicos y los vínculos afectivos primarios. En el caso del ser humano se tratarían de factores primitivos sobre los cuales han actuado las constricciones sociales y culturales. En concreto, se ha puesto de manifiesto que a medida que nos acercamos a la especie humana aspectos como las manifestaciones sexuales y la duración y expresión del vínculo afectivo son regulados por normas socioculturales concretas (dando lugar incluso a conductas que parecen específicas de nuestra especie como es la represión de la sexualidad).

Pero, ¿qué misión cumplen dichos vínculos afectivos e impulsos sexuales?

 
LAS FUNCIONES EVOLUTIVAS DE LOS VÍNCULOS AFECTIVOS PRIMARIOS Y LOS IMPULSOS SEXUALES BÁSICOS

Cuando hablamos de funciones evolutivas, nos referimos al papel que estos elementos pueden desempeñar para el individuo como miembro de una especie[1]. De forma general, se ha propuesto que la función evolutiva de los impulsos sexuales básicos y los vínculos afectivos primarios es la de asegurar y maximizar la probabilidad de transmitir nuestra información genética a la siguiente generación (hipótesis derivada de las teorías de  Darwin, 1871[2]; Tivers, 1972[3]; Dawkins, 1976[4]), garantizando la supervivencia de la descendencia y el fortalecimiento de la cohesión social.

Bajo este planteamiento, ya podemos especular sobre la función evolutiva de distintas conductas amorosas. Un primer ejemplo puede ser la conducta de manifestar recursos (materiales, etc.) durante el ritual de cortejo[5], que se interpretaría como un modo de seleccionar la pareja más apta[6]. Por otro lado, la conducta de permanecer juntos facilitaría la satisfacción de necesidades básicas como afiliación, seguridad y protección. La conducta sexual permitiría, además de la satisfacción sexual, la obtención de descendencia. La conducta afectiva perseguiría la promoción de los lazos entre sus participantes y la cohesión social de sus miembros… y así sucesivamente.

 
FACTORES BIOLÓGICOS IMPLICADOS EN EL AMOR

A pesar de las profundas implicaciones que tiene el amor en el organismo de una persona, sólo recientemente se ha empezado a considerar el amor desde una perspectiva biológica.

Puesto que el fenómeno amoroso presenta un patrón temporal, estimamos que una aproximación fisiológica y anatómica adecuada al amor debería repasar, aunque sea de forma sucinta, las características biológicas más sobresalientes de las distintas etapas amorosas.

Para empezar, podemos situar el comienzo del amor con el estado motivacional de búsqueda de posibles parejas para construir una relación y la atracción sexual selectiva. Se ha destacado que durante este momento intervienen diferentes regiones cerebrales entre las que se distingue el núcleo caudado[7], que podrían integrar efectivamente las acciones comportamentales y fisiológicas asociadas a la preferencia sexual y la selección de pareja  (Fisher, Aron y Brown, 2006).

Una segunda etapa relevante desde la óptica biológica se inicia con cuando un individuo comienza a considerar a otro como especial y único. El amante entonces focaliza su atención en su pareja potencial, maximizando sus rasgos positivos y minimizando sus defectos. Parece ser que amar conlleva la supresión de la actividad de sistemas cerebrales asociados a la evaluación crítica de otras personas y la regulación de emociones negativas (como el córtex cingulado posterior y la amígdala, entre otros), reduciendo la habilidad para hacer juicios críticos sobre el otro  (Bartels & Zeki, 2004). Estos hallazgos pueden ayudar a explicar por qué el amor conduce a una persona a elaborar una percepción distorsionada del amante (Esch & Stefano, 2005).

Seguidamente, el amante incrementa su activación y energía cambiando sus prioridades y sus rutinas diarias bien para permanecer cerca, bien para impresionar a su pareja potencial. Finalmente, se fortalece el vínculo afectivo, donde el deseo por una unión emocional todavía supera a su deseo de unión sexual, y se desarrollan los comportamientos reproductivos sexuales y parentales.

Sin la pretensión de realizar una revisión exhaustiva de los determinantes neurobiológicos del amor (véase para tal fin el artículo de Esch y Stefano, 2005), consideramos necesarios abordar ciertos descubrimientos relevantes para el desarrollo del presente documento.

El primero recoge que la atracción amorosa y el sexo implican, además de circuitos cerebrales que se solapan, áreas específicas (Fisher, Aron y Brown, 2006) que interactúan de forma coordinada en la selección sexual y las preferencias de pareja. Desde una óptica cerebral, parece ser que mientras que el área tegmental ventral es una de las regiones centrales en el amor, la amígdala y el hipotálamo lo son en el impulso sexual.

En la reproducción, la atracción, el vínculo amoroso y el sexo están implicados actuando conjuntamente a partir de elementos neurales y hormonales diferentes  (Fisher, Aron y Brown, 2006) Estos sistemas diferenciados, pero interrelacionados, serían tres en total:
 

o   Sistema de atracción y enamoramiento, cuya función es la de unir a individuos de distinto sexo, donde toman relevancia agentes bioquímicos como las feromonas (actuando como estímulos innatos preparados[8]), la feniletilamina o la serotonina (por su efecto de activación emocional).
 

o   Sistema de apego, cuya función es la de hacer que dos individuos permanezcan unidos. En este sistema, hormonas como la oxitocina y la vasopresina se han relacionado con la conducta monogámica, el vínculo social y los comportamientos prosociales[9].
 

o   El sistema de impulso sexual, implicado en motivar al individuo a buscar una pareja sexual y reducir la necesidad vinculada al sexo. La activación del hipotálamo en este contexto correlaciona con el componente de activación sexual inherente al amor de pareja.


Otra de las conclusiones más sorprendentes de las investigaciones efectuadas sobre los fundamentos neurológicos del amor resalta, aparte de confirmar su relación con los sustratos biológicos de las conductas reproductivas, la interconexión existente entre el amor y los comportamientos adictivos (Szalavitz, 2002). De hecho, los neurobiólogos han descubierto que sistemas biológicos y bioquímicos especializados en procesos motivacionales placenteros y fenómenos de recompensa se encuentran activos tanto en el amor como en las adicciones. Estados como la euforia inducida por drogas de abuso, el sexo u otras actividades placenteras actúan en último término sobre los mismos circuitos cerebrales, especialmente sobre el sistema límbico[10], compartiendo gran parte de los mensajeros químicos (como son los neurotransmisores dopaminérgicos, endorfinas, etc.).
 

Conocer los fundamentos biológicos del amor nos permite entender mejor sus repercusiones conductuales, pudiendo distinguir efectos comportamentales similares a los provocados por determinadas sustancias psicotrópicas tales como la fase de subida (enamoramiento), el síndrome de abstinencia (necesidad de estar con la persona amada) y la tolerancia (disminución de los efectos producidos inicialmente por exposición repetida al amante).

Por otro lado, se ha comprobado que algunos estímulos pueden desencadenar de forma innata respuestas positivas como la aproximación y la atracción, facilitando las interacciones interpersonales.

Desde una óptica anatómica, el amor abarca sistemas que van desde los receptores sensoriales (visuales, táctiles, olfativos, gustativos o auditivos –imágenes, caricias, perfumes, besos o gemidos respectivamente) y los órganos sexuales y las zonas erógenas hasta el cerebro.

En cuanto a los factores fisiológicos, el aspecto más sobresaliente es la intensa actividad general (palpitaciones, respiración acelerada, sudoración) durante las primeras fases, denominadas enamoramiento, así como la activación específica sexual.

El amor romántico activa regiones específicas implicadas en procesos motivacionales y conduce a la desactivación de la actividad de áreas asociadas a la evaluación social de otras personas.  Podemos decir que en todo proceso amoroso existen momentos donde prevalecen los factores fisiológicos, durante los que encontramos una elevación importante de la activación fisiológica general (nerviosismo, aceleración cardíaca, euforia…). Esta elevación es debida a la percepción de estímulos no sólo biológicamente preparados para ello, sino también estímulos que hemos aprendido a asociar con la excitación.

En conclusión, podemos observar cómo multitud de aspectos asociados con el amor, tales como la búsqueda de pareja, la atracción sexual selectiva, el cortejo y el enamoramiento parecen estar condicionados en distinto grado por factores biológicos. Entenderlos y conocer sus consecuencias pueden proporcionar no sólo beneficios sino reducción de sufrimiento como es el caso de los celos y la violencia en la pareja. 

[1] El hecho de que una conducta tenga sentido biológico no implica que sea social o éticamente justificable; asi mismo, hablar de funciones de ciertos comportamientos se entiende sobre todo en el contexto de nuestros ancestros, y no necesariamente en la actualidad.

[2] Teoría de la Selección Natural y Sexual.

[3] Teoría de la Inversión Parental.

[4] Teoría del Gen Egoísta.

[5] Denominada conducta de seducción en humanos.

[6] En el ser humano, los aspectos culturales y sociales modifican los criterios de aptitud y selección traspasando la dimensión biológica.

[7] El núcleo caudado juega un papel importante en la detección de refuerzos y expectativas, la representación de objetivos y en la integración de la información sensorial que preparar al individuo para una determinada acción.

[8] Estos estímulos incondicionados son utilizados durante procesos de condicionamiento clásico cuya respuesta condicionada sería la atracción (Fisher, 1992), siendo incorporados a los perfumes destinados para la seducción.

[9] La vasopresina y la oxitocina están implicadas en la formación y mantenimiento del vínculo afectivo entre individuos. Esto se ha confirmado a partir de estudios genéticos, comportamentales y neurobiológicos  (Bartels & Zeki, 2004).

[10] Sistema cerebral asociado a funciones motivacionales de refuerzo y placer.

 

 
David G. Psicólogo Especialista de SEDUQUERE.com (Asesoramiento & Formación en Relaciones de Pareja) http://www.seduquere.com/

Fuente del Artículo: http://www.editum.org/autor-1915=David-G.html
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G., David.  (2010,Agosto 13). Los Límites Biológicos del Amor. Editum.org.
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G., David.  2010 Los Límites Biológicos del Amor. Editum.org (Agosto, 13),
http://www.editum.org/Los-Limites-Biologicos-del-Amor-p-4519.html (accesado en Mayo 23, 2012