El viejo Toba Mendoza, logró vivir más de siete décadas, fue un digno representante de la cultura de la provincia enmarcada por el valle del cacique Upar. Aunque era oriundo de La Peña, un pueblito incrustado en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta cerca de La Junta, en el municipio de San Juan del Cesar, La Guajira - Colombia, vivió muchos años en Valledupar donde fundamentó su hogar. En su vivir dejó una huella imborrable entre los parranderos de esta región, sus cuentos son recordados con mucho cariño, aunque sus familiares manifiestan que en su gran mayoría los inventaban otros y lo culpaban a él para que alcanzaran el éxito dentro de las tertulias y parrandas. Una vez los hijos se lo llevaron para un bar, después de unos tragos, uno de ellos le dijo: Toba tome estos treinta mil pesitos y convide a una muchachita. El viejo llamó a una de las mujeres. Epa linda ven acá! Dime amor, contestó la muchacha. Cuanto cobras por un ratico?. Cincuenta mil pesitos, con todo incluido! Bueno aquí tienes veinticinco, por que tú también vas a gozar. La muchacha replicó, este viejo que cree y se fue. Los hijos le dijeron: Oiga Toba que pasó? La embarró con la pelá. Embarró? Me ahorré los cincuenta mil pesos. Por que ahora que lleguemos a la casa no me cobran. Una vez fue un turco a visitar al viejo Toba y lo encontró banqueteado en la puerta de la casa, ahí en la esquina de la doce. El perro basto que él llamaba Boca Negra estaba recostado debajo de un mecedor sanjacintero y el turco se sentó en él. Comenzaron a dialogar y se empezó a sentir un mal olor, el turco apenado decía:! Ay perro! ¡Huche perro! El olor iba y venía y el turco ¡huche perro! ¡Ay perro! Hasta que el viejo Toba se para de la banca y dice: ¡Perro de mierda quítate, que ese turco te va a matar a peos, carajo! Una vez le tocó viajar a Bogotá, al visitar un edificio de treinta pisos tomó el ascensor, el ascensorista le dice: ¿A que piso viaja el señor? Voy para veintidós. En segundos el ascensorista dice: Piso veintidós. El viejo Toba se le acerca y le dice: Este aparato si es el chaco... ¿Por cuanto me hace un viajecito a Valledupar?Una de las hijas se vuela para una caseta con los Hermanos Zuleta, a las cuatro de la mañana cuando viene llegando, ya el viejo Toba estaba listo para visitar su finca, cuando oye a la muchacha que llamaba con recelo en la ventana del cuarto, mamá, mamá, mamá... Y contesta él de adentro: ¿Mamá? ¡Mamá vienes tú hijueputa! Encontró Toba a uno de sus nietos, “El Macho Maestre”, por la novena con una mona reventando el pavimento, sudado el pobre muchacho. Le dice: Toba déjeme para compra una cubetica de hielo. Toba le contesta: ¡Decíle al político que te dio ese empleo de corbata! Un día visita Toba el almacén del turco. Vea turco cuánto vale esa camisa? Cuarenta mil pesitos, Toba. Pero por ser a ti te la dejo en treinta y nueve quinientos. Le replicó el viejo Toba: Y yo por ser a ti te la dejo en la vitrina. Dicen que llegó “Toba” a Cali, pendiente de conversar con un alemán que había venido al país pendiente de comercializar con estropajo, dizque en Alemania lo utilizaban para hacer llantas para carros; como “Toba” tenía un potrero perdido con matas de estropajos, arrancó en un avión para Cali. Al final no se concretó el negocio, según porque “Toba” pedía tres millones de pesos por la tonelada y en Montería salió un señor que lo regalaba. Cuando llegó a un hotel “Toba” le dice a un botones: Ve lindo, no hay manera de que me consigas una muchachita, para que duerma conmigo esta noche, que ya mañana me voy para Valledupar y no me quiero ir sin montar a una caleña, que tienen fama de buenas hembras.
—No se preocupe en diez minutos le llevo al cuarto una muñequita.
“Toba” subió a la habitación y como a la media hora llegó una morena bien formada y se quedó toda la noche atendiendo al viejo, por la mañana “Toba” estaba silbando rancheras, se veía contento, complacido... Se le acerca a la muchacha,
—ajo linda!, que noche tan buena... y cuanto te debo?
—deme ochenta mil pesos, don Toba. “Toba” se queda viéndola y asustado le pregunta:
—Y tú como sabes mi nombre? La muchacha le sonríe y le contesta
—Si yo soy es de Valledupar, Don Toba. Un día la mujer de Toba tenía un parrampamplan porque la caja de palillos se gastaba en un abrir y cerrar de ojos.
—Carajo! ya no hay palillos.
—A mi no me cala porque yo palillo que uso, palillo que vuelvo a meter en su caja, repicó Toba Decía Toba que el crió a un muchacho de La Peña, “muchachito bruto.
Una vez, yo lo mandé a comprar un diccionario grande, a la tienda de Jaco Luque, para Ángel, que se lo habían pedido en el colegio; como a la hora regresó todo retrechero y no quería entrar, venga carajo, le ordené, entró y me dijo, yo traje fueron do de los mediano, porque grande no había, además yo tengo ahí jobita, cuando más que los pegue y haga uno solo” Así como estos cuentos hay muchos más que hablan por sí solos de la grandeza humorística de este noble señor.