A Orlando Ponton, mi colega.
Es un personaje de piel negra, mamador de gallo, bien parecido, folklórico, de buen léxico, compositor, buen parrandeo, maestro y lo más importante, es mi amigo. Orlando Pontón “El Ponty”, me pasó una vez una vaina con este negro ranquiado en la clase numero uno de los negros (situado ahí por el mismo, se tomó el trabajo de clasificar a los negros en seis estratos), donde están según él los negros finos, como Edgar Perea, Rubencito Mengual, “El Changa”, Rocky Valdés, “Nicolino” un chocoano oriundo de Lloró, aunque es de piel blanca es un negro pura sangre, entre otros. En el estrato dos, van los negros de clase AAA, alegres, amigos y alborotados pero no alcanzan a ser finos por no haber desarrollado un léxico elegante. En el estrato tres se sitúan los negros empleados del gobierno, tienen clase, pero siempre andan limpios por la insignificancia de sus sueldos. En el estrato cuatro están los que viven del rebusque, son alegres y joviales todo el mundo los conoce y gozan con ellos. En el estrato cinco se pasean los negros consentidos, que son aquellos que sus mujeres no les permiten trabajar, siendo ellas las que se dedican a las labores para ganar el sustento. Por último los negros del estrato seis que son, según Pontón, los negros hijueputas , que la viven embarrando. Recuerdo que trabajábamos en un centro educativo, donde había un espectacular alboroto, se programaba una fiesta con motivo del día de los profesores. Me buscó para que lo acompañara a buscar la pinta del baile, recorrimos varios almacenes, compró un pantalón blanco, una camisa roja con blanco, y manifestó que no necesitaba medias ni cinturón. “Solo faltan los zapatos,” comentó. Comenzamos a buscar un par de zapatos de color rojo por toda la ciudad, como era de esperarse, no lo podíamos conseguirlos, ya culminando la tarde entramos a un viejo almacén, nos atendió una jovencita, bastante agraciada, con la que nos entretuvimos un rato, bañándola con un aguacero de piropos. Después de media hora escampó y llegó la calma cuando ella encontró un par de zapato rojos de charol; a “El Ponty” se le iluminó la cara, me recordó la cara que hacia Adafel, un amigo de infancia, cuando estrenaba zapatos los diciembre. Pero había un problema, la talla de los zapatos eran un numero menos del que él calzaba. “No importa... me los llevo así”, replicó.
Cuando salimos del almacén me miró, se sonrió y dijo: “Ahora les echo un poquito de alcohol y listo para las nueve cuando nos vayamos para la rumba”. Yo llegué como a eso de las once de la noche y la fiesta estaba bien prendida, conjunto vallenato, buenas hembras, varios grupos de amigos compartiendo chistes y anécdotas, y en la pista de baile las parejas disfrutaban a más no poder, parecía que disfrutaban oyendo la música nueva que bailándola. Eso es común en Valledupar cuando sale un buen disco la gente lo escucha bien y después lo baila, por eso no me extrañó. Me entretuve con una joven, le hacía picardías de enamorados en su angelical rostro, siempre recuerdo a esa muchachita, la quise, la tomé por el codo y la llevé a la pista para bailar el disco de moda de los vallenatos, que era el himno a nuestro amor, no pude bailarlo, me quedé como zombi cuando observé a mi amigo “Ponty” bailando apretadito con el mentón en alto, nalguitas paradas y todo, como es su espectacular estilo. Me miró y me dijo: Están mamando con los zapatos, mira como todo el mundo mira para abajo, busqué con mis ojos el suelo, de igual manera que todos los presente en la pista de baile. Nojoda! “Ponty” mira pa’ bajo, le dije. “No seas marica, están mamando con los rojitos” Ya este pendejo, había bautizado los zapatos. Pobre “Ponty”, no se si fue el ego inflado o el amacice que no lo dejaron mirar al piso. Toda la pista estaba roja, el cocinero borracho recogía el fluido rojo del suelo con un caldero viejo para aumentar el frichie de chivo para los invitados, el pantalón se manchó hasta la pretina, las piernas y la recontra mini falda de la muchacha estaban manchadas de rojo, lo único que no se manchó de rojo fueron los zapatos, porque el alcohol que “Ponty” les echó para estirarle el cuero, solo le estiraron el color. El otro día recordábamos esto con “Ponty” y el sinvergüenza me dijo: “Mi hermano lo cierto es que todo el mundo estaba mamando esa noche! Esa fue una fiesta roja”.
Definitivamente este es un negro ubicado en el estrato uno.