MEMORIAS URBANASLA ADOLESCENTE Y EL MALABARISTA
Entre los miles de pasos cansinos, rostros grises o simplemente aparejados por la marea de la costumbre, que escupe el cemento todos los días, una historia de color, se filtra. Como una flor que, porfiada y terca, anida entre paredes desnudas, peladas y huérfanas de plantas, de algunos edificios.
El, enfundado en sus doce años, estaba con la vista concentrada en los bastones prestados del malabarista que se los daba mientras el tránsito tenía onda verde. Los seis que tenía en sus manos ahora, robaban el color del semáforo. Amarillo, cuidado, precaución, corazón a la vista. Verde, onda libre, directa, derecho al cuore. Rojo, peligro, Amor a primera vista, disponible. Practicando afanosamente el arte de hacerlos jugar arriba de su cabeza sin que ninguno cayera al suelo. Ella pasó sus rozagantes trece años. Titubearon sus bastones. Trastabilló el amarillo, casi rueda al piso el verde y el rojo se mantuvo firme, desafiante en el equilibrio del aire. Su despeinado rubio acompañó el vaivén de esas incipientes y tentadoras caderas que pasaron por su costado. Y ella no pudo. Espera mamá, dijo, y volviéndose sobre sus pasos, abrazó con esos abrazos de oso contenedores, que solo una mamá puede enseñar a abrazar. Y la mirada de ambos se fundió, sincera y les sonrieron las sonrisas, los ojos y el alma. El cemento gris se contagió de un aire de afecto sincero. El se la quedó mirando pero sin olvidar su práctica de bastones haciéndole cosquillas al éter, ella abrazó a la mujer que cómplice, le sonreía. Y pensaba para sus adentros, si todos fuésemos así con los amigos. Así de espontáneos en plena calle, tanto gris de bolsillos flacos que no alcanzan a fin de mes, sonreirían por otra cosa que no siempre es plata. Abría otra bolsa de valores paralela que se cotizaría en más sueños, esperanzas a corto y a largo plazo y regalía e intereses de sonrisas al por mayor. Y la vida sería un poco más alegre, después de todo. Tal vez esté sea un regalo de navidad. Sorprenderle la otra cara de la luna de la rutina. Y detrás de cada rostro serio, triste o enojado, pescar una historia que aunque se diluya en medio del trajinar, para unos cuantos no pasó desapercibida y nos bañó con un poco de ternura.
Mónica Beatriz Gervasoni.
Morochaurbana
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Mamá Moni. madre de dos hijos. una adolescente y un terremoto de cuatro años. y dueña de una gata. portadora de amigas y amigas. periodista free lance y escritora. ex colaboradora de las revistas Uno Mismo, kiné, sex humor, la nación on line. actualmente colabora con clarín con una carta una historia, en www.sosperiodista.com, en www.vivirenplenitud.com,en www.gacetillaspopulares.com y en www.articuloz.com, además de seguir insistiendo con su propio y particular blog. www.blogextremo.com/mirameguapa67
Fuente del Artículo: http://www.editum.org/autor-188=Monica-Gervasoni.html
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