Miro al cielo, y aunque tú no estás en él, puedo sentir la calma que en el crepúsculo se expande.Miro el cielo, y aunque tú no estás en él, puedo convertir mis pensamientos en palabras, las palabras en silencios, los silencios en caricias para mi alma.Y aunque tú no estás en él, el sol se refleja en mi mirada para decirte cuánto te amo, para recordarme cuánto me amas...Y aunque tú no eres Dios, eres la fe que profesan mis labios, el credo divino de mi carne, el dogma que a mi esencia le da fuerzas ante cada adversidad.Y aunque miro al cielo y sé que tú no estás en él, adivina en la forma tu mirada, esa tierna y siempre eterna, la que comprende, la de quien ama...Miro a los niños, y tu ser en ellos se encarna, semejando tu pureza en sus risas, como palomas que vuelan livianas, sonriéndole al alba.Miro al cielo, y aunque tú no estás en él, grito en silencio cuantas cosas siento dentro de mí, pensando que en tu pensamiento piensas que te pienso, creyendo que tú oyes mis palabras.Y aunque tú no estás en él, te siento dentro de mi piel, oscilando en mi alma, perfumando la carne, respirando por cada poro de mi piel, convirtiendo en besos cada llaga, haciéndote eco en mis plegarias.Miro el mundo, y aunque tú no estás en él, sigues siéndolo para mí, y mi orgullo de ser tuyo se transustancia en cada rostro. Eres mi mundo, pero te escapas, te escondes, te diviertes con mi desesperación, lloras con mis lágrimas, ríes con mis risas, cantas con mi voz, pero te escapas, porque nadie a ti te ata, será el tiempo, será el destino, el pasado oscuro, el presente distante, el futuro lejano, o simplemente Dios, pero a veces tú, mi mundo, te escapas de mis manos...No quiero mirar para no caer en el vértigo cruel de la distancia, no quiero ya oír, para no consumirme en la envidia putrefacta, y dejar de respirar aires de celos, rencores y malicias, y dejar de respirar si algún día me faltas, porque tú eres mi aire, me conociste puro, ingenuo, dulce, tierno y estratega, y deseo, así ser contigo hasta que muera.Miro al cielo, y aunque tú no estás en él, no me pregunto por qué no estás, no me cuestiono en dónde andarás, sólo te siento a mi lado dándome las fuerzas que a mi me faltan.Miro al cielo, pensando en silencio, porque a veces es bueno no tener qué decir, porque a veces callando se dice mucho más, porque a veces es mejor escuchar lo que tienes para contar, porque mis silencios son admirarte, cuando mi voz se entremezcla con el aroma de tu piel, la particularidad de tus pupilas, y tu única e inconfundible risa...Miro al cielo, y aunque tú no estás en él, te busco entre las nubes, que visten a las estrellas de tu duende rostro dormido, exhortas por el canto del viento de tu resoplido, y te digo que no es malo tener un lado malo, no es, tener un lado oscuro, algo sombrío, a veces es necesario para descubrir entre tantas cosas, las cosas que son buenas, haciendo la diferencia entre errar, obrar bien y actuar en vano.Miro las cosas bellas que tiene el mundo, que da la vida, y sin ti son meras cosas vacías, pues tú eres la esencia que las motiva a ser tan bellas cada día...Y aunque tú no estás en él, el cielo sigue firme circundándonos, sin importar si tú eres el detalle, sin importar si yo soy la sensatez, pues soy el equívoco y no el dulce silencio. Pero somos almas gemelas, las dos mitades que se han encontrado perdidas en el tiempo y el espacio, dos caminantes que juntos avanzan, como avanzan el río y el viento, que aunque muy distintos son, siempre van hacia adelante.Miro al cielo y sé que aunque no podamos ir de la mano, ni un abrazo una nuestro caminar, y sólo una mirada cómplice y enamorada nos sostiene en este andar, mis manos toman tus deseos, las tuyas sujetan mis sollozos y juntas se buscan para amarse a oscuras y en secreto...Estás en mi, y eso me basta, aunque ayer no te vi en el cielo, sin siquiera sufrir tu ausencia me animé a decir que te quiero, y escuché en mis oídos el susurro de tu respuesta, que obvia, terminante, placentera, sutil y concreta quemó mis adentros. Si ya sé que lo sé, si ya sé qué es lo que sientes, ojalá sepas tú que siempre necesito oírtelo decir, que siempre es bueno decirlo, que no basta con sentirlo, sino que el demostrarlo culmina la obra perfecta de amar...Miro al cielo y aunque tú no estás en él, escribo con sangre de mis venas enamoradas tu nombre junto al mío, para decirte cuánto te amo, para recordar cuánto me amas...Para que nunca olvides cuánto te amo... para que siempre recuerde cuánto me amas.
|
|