En el pueblo vive el viejo “Monche”, es un hombre de esos que uno llama “todero”, es decir, que hace de todo para lograr sobrevivir, él es auxiliar de justicia, opera como el único secuestre del municipio, matarife, es decir mata las reses para vender la carne en el pueblo y tiene un carrito viejo que alquila para hacer viajes. La alcaldía, por decreto, organizó a los siete matarifes por turnos, a cada uno le corresponde un día a la semana, por lo que a “Monche” le quedan seis días libres a la semana, aunque en la mayoría de las veces como no tiene para comprar la vaquita o no encuentra quien se la fíe para matarla, vende el turno a otro matarife, concluyendo le quedan los siete días de la semana para dedicarlos a prestar sus servicios a la justicia, que esporádicamente le brinda la oportunidad de servir de secuestre en cualquier diligencia. En los últimos doce meses sólo le salió el secuestro de los muebles suyos, por lo que hubo la necesidad de buscar otra persona para la diligencia, claro que el hombre se palanqueó que le dejaran los chismes en depósito, este oficio le deja su tiempo libre, desocupado, de vez en cuando le salen sus viajecitos, pero cómo hacerlos si el carro siempre está varado, en conclusión “Monche” siempre tiene alrededor de treinta días al mes para dedicarse al dominó, que es el negocio que más rendimiento le dá. Con el juego sobrevive y ha logrado educar a sus hijos, como él, orgullosamente, dice: “todos mis hijos son profesionales, tengo uno que es maestro de escuela, uno medico y otro es “agrónomo”, así le llama al menor, que es marica y cuando le preguntan por que le dice “agrónomo”, se ríe y contesta: “Acaso el no se la pasa regando palos”.
La habilidad de “Monche” para hacer picardía en el dominó es reconocida por todos sus amigos pero, se la aceptan para ayudarlo y reírse, es un metedor de cabras, esconde las fichas con una facilidad impresionante, siempre se cruza con la vieja “Micha” su mujer que es una especialista en hacerse todo tipo de señas, para ganar los partidos, su estilo de juego es todo un ritual que los desocupados del pueblo siguen a diario. Un día jugando con “Gabi”, su compadre del alma, iba perdiendo mas de veinte partidos y “Monche” se pasaba la mano por la cabeza y la mujer no le entendía y le decía “concéntrate Monche... concéntrate, que hoy no te entiendo”, su compadre no le dejaba ganar, como de costumbre, porque estaba resentido ya que “Monche” le había cogido una vaca paría para matarla y no se la quería pagar. “Aqui ta’ la cierra! y me queda la pela” dijo el viejo “Gabi”, “mierda ahora si torció la puerca el rabo!, revuelvan y vamo a echá el último, que hoy no se hizo ni pa’ el arró” contestó “Monche”. Jugando el último partido “Monche” iba a meter una cabra cuando siente que le palmotean el hombro, se voltea rápidamente y no ve a nadie, se puso a sudar frío, en la mesa, todos preocupados le preguntan:
—Monche ¿Que te pasa?
—Compadre estoy sintiendo la muerte cerquísima ¡Miren al diablo en persona! La gente estaba asustada, pero nadie lograba ver al diablo.
—Cual diablo?. ¡.... Ahí no hay nadie! Monche insista.
—Miren a este hombre alto, blanco, con los ojos encandeláos y las patas que parecen de patos. ¡Nojoda! ¿...Ustedes no lo ven?.
Los que estaban con él no le creyeron. Pero seguían con miedo. Cuando quiso poner la ficha en la mesa sintió que le agarraron fuertemente el brazo, volvió a voltear y entonces vio al diablo, “monche” comenzó a ponerse blanco, como un papel, y el diablo le dijo: “hombre Monche, préstame mucha atención, te voy a poner tres condiciones para no llevarte conmigo, primero, no puedes pagar ninguna de tus deudas, segundo, no puedes hacer más picardía en el dominó y tercero, devuélvele la vaca a tu compadre “Gabi”. Transcurrieron unos tres meses, después de aquel encuentro cara a cara con el mismito diablo y la situación del viejo Monche se tornaba crítica, iba de mal en peor. Cierto día, como a eso de las cuatro de la tarde, llego Gabi a la casa de su compadre.
—Micha ¿Como estái?. Dame razón del compadre, que ya no se ve, no mata, ni juega....
—Hay Gabi!, si Monche está es grave, lo del diablo me lo ha trastornáo, ahí’ tá en el patio, siga que ya les llevo un tintico.
El viejo Gabi entró al patio y encontró a Monche centro a centro arrodillado en el patio, llorando a moco tendido, tenía en la mano una cruz de guayacán con un Cristo metálico, que también estaba llorando, los dos tenían unos lagrimones, que ya habían hecho un charco donde doblaban las rodillas, entre los requiebros se escuchaba a Monche que decía: ”diablo vení por mí, tú me has dejao es bien jodío, la gente no me presta plata, porque saben que no puedo pagales, no puedo jugá dominó. por que me prohibíte las cabras y la señas con Mincha y pa’ colmo’ e males, como voy a hacé pa’ pagale la vaca al compadre Gabi, hombre que to’ la vida me ha querío. Gabi que oía lo interrumpe y le dice: “Deje la vaina de esa vaca asi, y no se peocupe que yo lo voy a solventa, párese y vamo a jugá dominó”. No se había parado Monche todavía cuando, el Cristo dejó de llorar y se puso a reir y les comentó: “Ustedes se van a meter en vaina con el diablo, ya lo quieren picariá. Esa es mucha vaina la tuya Monche, te vas a morir y no vas a aprender.”