Llegué a ese lugar sin saber realmente ¿cómo me encontraba allí? Estaba de frente a una gran puerta y escuché una extraña voz, me pareció tan familiar, ahondando en mis pensamientos no pude hallarla.
Indudablemente era la voz de un pequeño niño, parecía que sollozaba por algo, sin detenerme aquello que inundaba mi abstracta mente continué mi camino, fue entonces cuando pude observar desde la puerta, que la oscuridad era la reina de todo el recinto, no me preocupé, no sentía miedo, sin embargo algo dentro de mí me angustiaba, era el deseo por saber ¿dónde estaba? Y ¿quién me inspiró a recorrer toda aquella penumbra?
No sé cuanto tiempo pasó, posiblemente años, hasta que finalmente dentro de la soledad y el gran vacío que sentía en la eterna noche, conseguí una habitación única, cuya puerta medio abierta dejaba entrever un rayo de luz que hirió levemente mi retina, hacía mucho tiempo que no veía el resplandor de una cálida luz.
Entré y pude sentir que había algo familiar en ella, me parecía conocido cada rincón de la pequeña habitación que nunca reconocí, pero era como si lo conociera de toda la vida. Cada centímetro de aquella extraña habitación animaban cada partícula de mí, haciéndome sentir una tranquilidad que extasiaba mi cuerpo, ¡sintiéndome en casa!, de pronto todo estaba iluminado y la irradiación de sus colores, me devolvieron, la alegría, amor, paz, inocencia, armonía, realmente podía ser uno o todos a la vez.
Mirando hacia los lados, pude notar que todo comenzó a tornarse incongruente, aparecían y desaparecían objetos, imágenes que se encontraban en mi lejano pasado, situaciones que añoraba volvieron, espontáneamente corrían las lágrimas por mis mejillas, no podía palpar nada de aquello, pero me hicieron sumamente feliz durante años atrás, ahora estoy frente al gran agujero negro que representa este lugar, sin respuestas para mis interrogantes, sin explicación alguna.
Detuve mi divagación para transformar la habitación en un lugar indescriptiblemente hermoso, y llegué al azimut de mi demencia, porque tenia que estarlo para poder llegar a ser tan dichoso por un instante para volver donde siempre quise estar, allí donde todo era posible, a mi lugar predilecto, en donde mis sueños eran inocentes, y la ventana de mis ojos era pureza que no tenia cabida para ver las espinas de una hermosa rosa.
Al avanzar hasta este lugar me sorprendí porque sabia que no estaba solo; en el ambiente había un olor agradable como el perfume que emana el tierno aroma del regalo de la vida, y al enfocar mi tenue mirada allí estaba él. ¡Qué hermoso era!, no pude contener mi llanto de alegría al verlo allí, me arrodille, lo abracé con todas mis fuerzas, porque lo conocía tanto como el desconocía de mi.
Nos sentamos juntos en un pequeño banco que estaba en una enorme pradera coloreada por el mas intenso de los verdes, lo observé incrédulo de ver en él, los reflejos de un ser que no había sido quebrantado por la contaminada destrucción de una humanidad llena de penas y sufrimientos.
La nostalgia me embargó, al percibir que la inocencia estaba intacta en él, su desconocimiento del mundo lo hacían perfecto para mí; en un instante sabia que ocurriría algo que no quería, pero no podía evitarlo. Sus ojos eran idénticos a los míos, solo que los de él estaban cargados de una incontenible ternura y un amor infinito que yo olvidé por sobrevivir.
Entonces salió de entre sus pequeños labios una pregunta: ¿Por qué me dejaste encerrado?, ¿Qué hice para merecer tu castigo?, mi corazón palpito fuerte y comprendí todo lo que pasaba. ¡El era yo!, era una parte de mí casi irreconocible, lo amé más que a cualquier cosa, ¡extrañaba su presencia!
Me incliné frente a él, y puesto de rodillas, le pedí perdón, lo abracé nuevamente y comprendí que este lugar era el rincón de mis recuerdos.
- Mi niño, puedes vivir aquí, ¡te quiero!. Desde el día que te encerré he sido el hombre más infeliz del mundo, pero no quería verte morir. Cuando la oscuridad invadió mi alma, te escondí para salvarte de sufrir, ¡es muy tarde allá afuera, no sobrevivirás!, Te ame mas que a nada, al entrar en esta habitación siento paz porque tú estas acá, en el pasado llenabas este lugar con mi alegría y ahora tocar tu mano me hace recordar que fui feliz hace años. Ellos, lo echaron todo a perder, me obligaron a crecer con dolor, no quise que me vieras llorar o enfurecido, la venganza y la ira se adueñaron de mí, mientras tú quedaste a salvo. Las marcas dejadas por esas situaciones me hicieron olvidarte muchas veces, ahora se que siempre estuviste conmigo, ¡Prométeme que te quedarás!, cuando todo mi sufrimiento termine abriré tus puertas, y ¡serás un niño libre! Encenderás las luces y yo volveré a ser feliz, y lo seré, ¡sólo si tu vives!.
Hablamos muchas horas hasta que de tanto llorar el niño se fue quedando dormido; todo comenzó a desaparecer y aparecer otra vez para mi, se descontroló mi mente hasta no poder soportar la carga de imágenes en mi cabeza y quedando casi inconsciente, sabia que de debía irme.
Decidí protegerlo nuevamente, no estábamos preparados para caminar juntos, me despedí de él y me fui con mis ansias de tener otra vez la vida que tanto había llenado de buenos momentos.
Salí de la habitación para volver a penetrar en la nada que me hacía olvidar ¿dónde estaba? y ¿qué hacia allí?. La oscuridad del momentos se burlaba de mí como de un títere, y en el fondo no entendía que me motivaba a seguir compartiendo ese lugar tan mío con ella, consumiéndose con su presencia al niño que dejé para volver un día a encontrarlo.