En el 2007, tener una tarjeta de crédito ya no es un lujo ni una conveniencia, es una necesidad. En algunos países no podrá alquilar un coche, rentar un cuarto en un motel, o hacer un pedido online sin tarjeta de crédito. Si quiere un teléfono celular, probablemente deba comprar minutos pre pagos y no podrá hacerlo a menos que tenga algún plástico con su nombre. Y sin una tarjeta de crédito, deberá llevar a todas partes una gran cantidad de dinero en efectivo, hacer frecuentes viajes al banco, o comprar con la esperanza de que las aceptarán sus cheques personales. Más aún, las tarjetas de crédito pueden salvarle la vida en casos de emergencia.
Lo peor de todo, las personas que carecen de acceso al crédito son los más proclives a utilizar los servicios de préstamo. Considere esto: Si una madre soltera debe hacer un gasto repentino, inesperado, por ejemplo la reparación de su vehículo por un valor de $ 600 ¿Qué puede hacer si no tiene el dinero? Necesita el coche para ir al trabajo, y no puede darse el lujo de pedir prestado el dinero a familiares o amigos. Así que ella decide utilizar el préstamo de la tienda local y acaba pagando un 530 por ciento TAE (tasa anual equivalente) de interés. Si, en cambio, tuviera una tarjeta de crédito con un mínimo de $ 600 disponible, no habría tenido que utilizar el préstamo de esos estafadores y pagaría intereses mucho más bajos.
Muchas personas que utilizan los servicios de estos prestamistas, aunque sea por única vez, ingresan en una ineludible espiral de deuda, en el que trabajan durante toda la semana para pagar sus préstamos, y luego tienen que tomar nuevos préstamos para cumplir con sus gastos semanales. Las personas que utilizan sus tarjetas de crédito responsablemente nunca son víctimas de esta situación.
Otra ventaja adicional del uso de las tarjetas de crédito es que, si se utilizan con responsabilidad, éstas ayudan a organizar el propio presupuesto porque le ayudan a rastrear sus gastos. Una técnica sencilla consiste en utilizar una tarjeta de crédito para pagar automáticamente los gastos mensuales recurrentes (teléfono, televisión, servicios públicos, etc.), otra para comprar comestibles y combustible, y una tercera para todos los demás gastos (entretenimiento, restaurantes, etc. ). Al llegar sus facturas cada mes, se puede comparar lo que se gasta en gustos en relación con las verdaderas necesidades y hacer los ajustes que sean necesarios.
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