“…Papi, papi… No te preocupes si no puedes venir hoy temprano a casa… Al igual yo me quedo viendo televisión” Recuerdo que eso me dijo José Martín, mi hijo menor, un día cualquiera.
Mientras iba a la universidad a desarrollar mi cátedra, me llegó a la mente el recuerdo de mi padre, estábamos sentados en las afueras de la casa y me refería un cuento de Tío Conejo. Por más que trataba de recordarlo no podía encontrar los detalles; más sin embargo no olvidaba la cara de papá, sus gestos graciosos para darle vida a su narración. Pensé por un momento, mi padre siempre trabajó y aún así me contaba cuentos, historias y hasta conversábamos de política, con la salvedad de que era mejor que no entendiera pero, que era sano que no ignorara lo que pasaba en mi país. Hoy tengo que confesar que ni con el paso de los años he entendido la política.
Al regreso a casa busqué a José Martín y le pedí que saliéramos a la terraza, para contarle un cuento. Sus ojos negros brillaban como lámparas en la oscuridad. Le dije, te voy a narrar el de Tío Conejo. Mi inventiva no me traicionó y pude terminar la historia con el famoso: Colorín colorado este cuento se ha acabado… Mi hijo me abrazo tan fuerte que me hizo llorar. Luego me dijo “estuvo mejor que verle las nalgas a Barth Simpsom” Ese día me hice la pregunta ¿Que pasa con las Familias?
La respuesta: Ni los padres ni las Madres estamos dedicando el tiempo suficiente a nuestros hijos. Peor aun no los estamos formando de manera adecuada, porque nuestra vida laboral y empresarial nos desdibujó el norte a seguir. Es claro que se trabaja para mejorar la calidad de vida de la familia, no obstante las actividades laborales nos destruyen la familia. ¡Simple paradoja de la vida!
Esta situación, que es mundial, nos indica que tenemos que retomar las maneras de generar ingresos suficientes para “dignificar” nuestras vidas y que a su vez nos permitan cumplir con las obligaciones de padres y madres. Hoy existen básicamente dos posibilidades: Los negocios por la internet y sus técnica de mercadeo viral, donde se puede trabajar incluso una o dos horas al día y obtener ingresos superiores a un salario mínimo mensual y las famiempresas establecidas en el hogar, que permiten trabajar y formar a los hijos de manera paralela.