Retazos Frío el deseo de hundir las manos,
En el ardoroso latir de los corazones,
El canto solloza, ufano, perdido,
La brisa se turba, el cuervo no grazna.
Negro petróleo es el mérito adormecido,
Que cree en la justicia, casi con fe.
Los árboles de plata lloran, como los sauces,
Las manadas emigran hacia nuevos horizontes.
La llama verde de los vegetales, se cae a pedazos,
Y el teléfono suena… se oye una voz,
No es la venganza un arma letal, pero si eficaz,
Tanto como el engaño de aquella llamada.
Funesto y distante, el despertar del día,
Con violáceas primaveras, fallecidas de amor,
El ángel nunca se ganó sus alas,
Mas toca su arpa devotamente en los suburbios.
El foniatra arregla las cuerdas de las guitarras,
Y el obstetra riega entusiasta el floripondio.
Las enfermeras cosen y lavan, planchan y cuelgan
Los retazos de este loco corazón.
Retales purpurinos, algunos grisáceos,
Llagados de tanto llorar al amor.
De lo que gocé, ya no queda placer,
Mas bien negros y azules retazos.