Generar las bases necesarias para proyectar una verdadera sociedad del conocimiento no es tarea fácil, no se tratas de intentos quijotescos asilados, sino más bien de un profundo cambio socio-cultural, apuntalado, estimulado y apoyado desde el Estado y acompañado comprometidamente por todos: Integrantes del sistema educativo en todos sus roles y niveles, ONGs, medios de comunicación, empresas, etc.
Si pretendemos hacer de nuestro país un exitoso competidor comercial, prospero, estable y sólido política y económicamente, equitativo en lo social y progresista en lo cultural, gastaremos pólvora en chimangos sino redireccionamos nuestro andar. Es imposible hablar de sociedad del conocimiento con los niveles de pobreza, marginación e indigencia que tenemos, no podemos enseñar en profundidad si nuestros pibes caen como moscas por el paco o padecen enfermedades y males ligados a sus carencias nutritivas, afectivas y materiales. La educación también debería ser considerada una necesidad básica: alimentar su espíritu, sus ansias de progreso y superación, su capacidad de razonamiento es una materia pendiente que no se incluye en ningún plan alimentario. Deberían existir los comedores escolares ¿?, el pibe tendría que tener el derecho de una mesa digna en el seno de su hogar, pero lamentablemente este derecho como otros tantos son negados y seguimos emparchando una terrible realidad que nos desborda y que duele. Con equidad social plena podemos hablar de democratización de saberes y podemos recién ahí sentar las bases futuras de una verdadera sociedad del conocimiento.
Soñaremos con utopías inalcanzables sino partimos de diagnósticos crudos pero certeros, sino realizamos alianzas estratégicas entre todos los interesados por un futuro mejor sin excluidos.
Se han dado algunos pasos importantes: Aumento progresivo (en relación al PBI) del presupuesto destinado al área educativa y de investigación, extensión de las becas y programas sociales a favor de los que menos tienen, la creación del portal educ.ar y del canal encuentro, entre otras acciones gubernamentales-empresariales.
Pero queda mucho por hacer y andar, es un primero paso de un largo camino para alcanzar los estándares de excelencia que se transformen como en el pasado en sinónimo de orgullo nacional. Aquellos laureles que supimos conseguir ayer: La Ley 1420 de educación y la reforma universitaria de 1918, el desarrollo de escuelas técnicas, cuna de los futuros ingenieros del país, los nobel cosechados con esfuerzo y dedicación por nuestros científicos, los gloriosos años 60” opacados y destruidos por la dictaduras que provocaron el silenciamiento forzado y la fuga de nuestros cerebros, artistas e intelectuales mas destacados. A 40 años de la noche de los bastones largos cabe esta reflexión , despertemos de nuestro letargo, superemos nuestra miopía, rechacemos los espejitos de colores y seamos artífices, protagonistas y creadores de una profunda revolución copernicana que coloque el acento en el conocimiento como principal herramienta motorizadora de el destino que hasta ahora nos negaron y nos negamos.