A Armando Vega Zabaleta (q.e.p.d.), mi papá. Quien me enseñó a ser hijo.
Ser papá no es labor fácil. Si usted lo quiere discutir, le aconsejo hacerlo con otro terco. Tiene ratos agradables y otros de desencantos, pero es una obligación divina que hay que cumplir. No obstante ser un Súper Papá no está contemplado ni en la Biblia, ni en los códigos legales, ni en ninguna parte, pero es menester lograrlo por amor a nuestros hijos. A mi hijo de tres añitos de edad que es un asiduo observador de televisión, fanático de los VR Troopers, los Power Ranger, los Gemelos Fantásticos, Spider Man, el Capitán Planeta, las Bestias Transformer, Dragon Ball Z, Meteoro, un tal sonido Bum y veinticuatro horas más de cartoon. Estos programas tienen sus héroes, y son buenos héroes, es tanto así que los niños que juegan con mi hijo cada uno tienen el suyo. Pero mi muchachito, que se las tira de más osado que todos los niños del mundo, ha creado su propio súper héroe, al que ha promocionado entre todos sus amigos y bautizado como Súper Papá Ranger. Con nombre comercial y todo.
Cuando a él se le antoja, que es cada vez que estoy en casa, con intenciones de descansar, hay que convertirse en Super Papá Ranger con todo el poder, como el dice y yo no sé lo que significa. Entonces comienza la danza de indios para colocarme el disfraz. Prestando toda la atención del caso, para que ese juego le aumente el autoestima a mi hijo, según la sicóloga de mi familia. En la muñeca de las manos van unas camisas al mejor estilo de los brazaletes del músico gringo que se cambió el color de su piel o el mismo Hércules. En la garganta de los pies me coloca dos calzoncillos de colores fuertes —si no los tiene en casa debe adquirirlo en un almacén de remates permanentes, que es la única parte donde los puede conseguir— Luego unos cinco cinturones se tercian en el pecho de igual manera que los agentes de tránsito en Colombia o los Zapatistas Mexicanos. Rápidamente colóquese la súper capa del poder que esa si es cualquier toalla, en lo posible playera. Ahora, ya con el disfraz listo le indico como volar —todo héroe que se respete vuela— Usted da pasos largos y con movimientos al estilo cámara lenta, como corría el Hombre Nuclear, ¿lo recuerda? Estira sus brazos hacia el frente y produce un sonido apretando sus labios hacia adentro a manera de bundeo, siempre cambie su tono eso ayuda. En qué, no sé pero ayuda. Por último, la voz. Busque y rebusque hasta donde sus cuerdas bucales le puedan colaborar, el éxito está en encontrar un sonido intermedio entre su voz natural y la de su propio hijo, mucho cuidado y se le olvide que no está en casa y termina hablándole así a su secretaria o cualquier otra persona.
Les regalo esta información completa, recuerde que es confidencial, bajo ningún punto la revele, porque sé que en cada hogar hay un Súper Papá. A ésta situación le he aprendido tres cosas buenas. La primera. Económica, Me ahorro lo del gimnasio, con un niño en casa se hace ejercicio de manera constante. La segunda. La social; siempre soñé con ser alguien importante y ya lo logré; soy el Súper Héroe de mi hijo. Y la tercera. Espiritual, amo tanto a mi hijo, que acepté el papel de Súper Papá y eso ha unido más a mi familia espiritualmente al poder conocer la felicidad que genera el construir un hogar.