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por Michael Laitman
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* Rav Dr. Michael Laitman

 

Hoy en día, la juventud no necesita extensas cartas, colocadas dentro de sobres con sellos. Éstas han sido reemplazadas por la pantalla y el teclado, o el teléfono celular.

Desde temprana edad, los niños aprenden a utilizar software de mensajería instantánea como Yahoo, MSN, ICQ o Skype. Son aplicaciones existentes de libre disposición, fáciles y rápidas. El Internet les permite traspasar las barreras del tiempo y el espacio, permitiéndoles el acceso a cualquier parte del planeta, aunque confinados a sus ordenadores personales o teléfonos móviles. Esto les convierte de hecho en personas pragmáticas, pero alejadas, como la tecnología que usan.

Sin embargo ¿Son las comunicaciones en línea las que nos alienan, o es nuestra alienación la que nos motiva a desarrollar este tipo de comunicaciones? ¿Qué pasará con una generación que no conoce otra manera de relacionarse que no sea a través de cables, o tecnología inalámbrica?

Todo está conectado

Cuando niño, jamás soñé que dispositivos que veíamos en la ciencia ficción llegaran a ser herramientas de uso diario en edades tempranas. De pequeños, si queríamos jugar con los amigos, usábamos una antigua herramienta llamada "pies". Caminábamos hasta sus casas para hablarles. Por formalismo, generalmente eran las madres de mis amigos con quienes yo debía conversar primero.

Hoy en día, podemos enviar mensajes a nuestros amigos instantáneamente usando los teléfonos móviles. Y por supuesto, ya no hay necesidad de pedir permiso a nadie para hacerlo. Los jóvenes hablan con sus amigos principalmente por SMS, substituyendo las palabras por acrónimos, y los sentimientos por emoticones. Parecería que incluso las relaciones se han convertido en algo virtual para nuestros hijos.

Conectados después de todo

Para entender la esencia de la conexión entre los seres humanos, debemos conocer su raíz. Según la Cabalá, esta raíz mora en un sitio en el que el tiempo y el lugar no existen. Los cabalistas nos dicen que en ese sitio, todos estamos conectados, somos una sola alma, denominada "el alma de Adam ha Rishón (el primer hombre)". Esta alma es como un organismo constituido por millones de células que se relacionan en estrecha colaboración. En algún punto de su evolución, las partes (células) perdieron la noción de su conectividad, y el alma se fragmentó en una multitud de trozos separados.

Esta separación originó alienación y odio entre nosotros, y desde entonces, hemos estado buscado inconscientemente sustitutos para este sentimiento de plenitud que una vez compartimos. En realidad, todos los sistemas sociales que como seres humanos hemos creado a través de la historia, persiguen un solo propósito: restaurar nuestra conexión y reciprocidad perdidas.

Un elemento clave en nuestra desvinculación es el ego. Éste no solamente provocó la fragmentación, sino que desde entonces ha venido incrementando nuestra separación. Por un lado, el ego nos hace querer utilizar a los demás, haciéndonos así dependientes de ellos para satisfacer nuestras necesidades, como con la globalización. Pero por el otro, provoca que deseemos encontrar otras formas de satisfacernos, dejar de ser dependientes de otros, y que las demás personas simplemente desaparezcan.

No aceptamos fácilmente la realidad de que estamos conectados y que no podemos hacer nada para cambiarlo. Este "compañerismo" nos molesta y atribula, y de aquí nuestra resistencia y negativa a reconocer el hecho de la conexión. Los medios que usamos hoy día para comunicarnos, reflejan claramente nuestra alienación así como nuestra conectividad.

Por una parte, queremos compartir con todos, y por otra, permanecer anónimos y seguros detrás de nuestra pantalla de la computadora. Si no las utilizamos con la intención correcta, las comunicaciones modernas nos impulsan al aislamiento en lugar de unirnos, aunque estemos técnicamente conectados.

Cuanto más crece nuestro aislamiento, más sentimos la necesidad de una conexión real. Pero ésta no puede lograrse a través de teléfonos, ordenadores o cualquier otro dispositivo. Debe ser cultivada en la interioridad de nuestros corazones. Tarde o temprano, aunque probablemente temprano, descubriremos que necesitamos enriquecer nuestra plataforma de comunicación con sentimientos y pensamientos más que con mensajes textuales. Al hacerlo, volveremos a descubrir la íntima unión que una vez poseímos en el alma de Adam ha Rishón, y restauraremos los vínculos naturales, directos y saludables entre nosotros.

Cabalá, conectando a las personas

El alma de Adam ha Rishón no tuvo la intención de permanecer hecha añicos. Una vez que sus fragmentos (nosotros) sean conscientes de que estamos separados, conocerán que esta es la razón del sufrimiento y se esforzarán en reconectarse nuevamente. Según la Cabalá, esta etapa de reunificación comenzó en 1995.

Las crisis globales existentes son los primeros síntomas de nuestra interdependencia. Pero en realidad, no deberían agobiarnos, sino, motivarnos a ayudarnos mutuamente, y no considerarlas dificultades, sino una oportunidad para reforzar nuestros vínculos.

Cuando restablezcamos nuestro enlace, sentiremos la unidad, la colectividad del alma de Adam; percibiremos nuestra existencia –actualmente limitada por nuestra estrecha percepción- como inclusiva, eterna, más allá de eones y universos. Además, experimentaremos la bendición de una ilimitada libertad. Hasta entonces, continuaremos ocultándonos tras nuestros monitores, considerando que estamos a salvo mediante nuestro anonimato. La siguiente fase consistirá en quitarnos nuestras máscaras y verdaderamente unirnos en nuestros corazones.

Y mientras tanto... tienes un nuevo correo. :-)

  * El Rav Dr. Michael Laitman es máster en ciber­nética, doctor en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más información en www.kabbalah.info y www.kab.tv

 
El Rav Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más información en www.kabbalah.info y www.kab.tv/sp

Fuente del Artículo: http://www.editum.org/autor-798=Michael-Laitman.html
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