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Welcome to Paris, Friend…
Welcome to Paris, Friend…
por Jaime Fuentes Ibáñez
Número de Palabras: 1751   Comentarios(0)
 
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Welcome to Paris, Friend…

 

Eran las cuatro de la tarde cuando llegue al aeropuerto de Orly en Paris…  - ¡ah, París!... siempre había querido estar aquí, la ciudad de la luces, del amor, el romanticismo recalcitrante, las bellas mujeres, los cafés, el glamour… y quizás tantas cosas bellas que nos enseñan de niños y que parecen fantasías inalcanzables, como de película… era eso ¡sí!.. Era como ser parte de una película, de una película antigua de los años sesenta, con música consonante de bandoneón, la Torre de lejos, los jardines….

…-¡Excuse me!… me trae a la realidad un turista de estos típicos rubios y tostados por el sol o la nieve, con su novia gorda de caderas pero bonita, rubia de ojos claros y tez tersa. Sí, estaba obstaculizando la entada del túnel hacia la estación de conexión al metro y no me había dado cuenta que detrás de mi había una larga fila esperando que yo saliera de mi estado de estupor de viajero principiante.

- ¡I’m sorry!... contesté con aire de Inglés refinado prosiguiendo mi camino con mi par de maletas y mi mochila al hombro. Ya había pasado casi una hora desde que desembarqué del avión cargado de maletas e ilusiones, no pensé que sería tan complejo salir del aeropuerto, pero tenía por lo menos mi rutina clara, tal cual lo había hecho anteriormente en Berlín y Amsterdam. Lo primero era encontrar a un mapa de cómo llegar a mi ansiado hotel. No fue difícil conseguirlo después que un cortés francés me diera todas las indicaciones en un rudimentario español que le agradecí con un rudimentario francés.

Me fui camino hacia la estación de metro, analizando cada movimiento y cada conexión con tal de no perderme. Al llegar al metro parisino me invadió un sentimiento extraño… esa ciudad glamorosa, lleva de colores y de ilusiones se me vino abajo, era la realidad de un París bajo tierra, un metro horrible, sucio, mal cuidado y mal tenido, lleno de gente extraña , solitaria, cabizbaja, mal oliente… se veían agotados y abatidos y yo no entendía esos rostros sabiendo que arriba me esperaba una ciudad que agotaba mis fantasías, era un inframundo que yo no quería ver, no era lo que yo esperaba. De pronto me vi solo con mis dos maletas y mi mochila, sudado y un poco agotado. Mas no fue lo suficiente para abatir el ánimo que traía ya que sabía que esto no era del todo así.

Mientras pensaba sonó la campanilla… era la estación del Museo de Louvre, mi estación. De inmediato esos pensamientos que me abatían se desvanecieron en menos de un segundo, agarré con energía mis maletas como cuan soldado sale de la trinchera y me fui al encuentro de esa ciudad hermosa, esa ciudad que esperaba ver, esa ciudad que  construí en mis pensamientos juveniles.

Luego de unos minutos andando por los largos e interminables pasillos de conexión,   vi la luz hacia el final de la escalera de salida…era París, las calles de París. No me di cuenta de cómo subí con toda la carga que traía pero fue como ir hacia la luz, hacia el final del túnel de luz, solo que no estaba muerto o moribundo, sino más vivo que nunca. Cuando llegue a la superficie fue el éxtasis total, no recuerdo cuanto tiempo estuvo en la salida del túnel de acceso al metro, solo miraba la gente, los autos , los palacios, sentía los olores, veía un desfile de princesas pasar por delante de mi vista, las motos y sus ruidos estruendosos, todo cual me lo había imaginado, atrás quedaban las sensaciones del inframundo del metro, no valía la pena acordarse, solo faltaba la música con bandoneón y con una voz gangosa de fondo…

Nuevamente desperté súbitamente de mi estupor cuando un parisino que, con cara de enfado, refunfuñaba e indicaba con gestos mi equipaje y mi inocente persona…al parecer le molestó que estuviera parado en medio de la salida del túnel de acceso con todo mi equipaje repartido por el suelo y sin dejar un espacio para que el resto de personas saliera con comodidad del túnel. Inmediatamente cogí mis pertenencias y abriendo raudamente el mapa comencé a tratar de orientarme. Obnubilado recorrí dos, tres y cuatro cuadras, con un sol agobiante y sudado por el peso y la larga caminata que no me llevaba a ningún lado. Nuevamente esa sensación de amargura, ya no veía la ciudad hermosa de las guías turísticas ni de las películas, pronto se empezó a convertir en una ciudad gigante, agobiante y que no me prestaba ayuda alguna. En vano, intenté captar la atención de algún parisino de espíritu samaritano que ayudara a este pobre peregrino… que no hablaba inglés, que me indicaban en francés o simplemente pasaban de largo… y yo con mis maletas y mi mochila agotado después de dar vueltas por casi dos horas.

Eran casi las siete de la tarde cuando comenzó a caer la noche y junto con ella mi ánimo y mi espíritu aventurero, ya no quería dar más vueltas, no encontraba mi hotel y simplemente no encontraba una solución a mi desgracia. Estaba decidido a no caminar más y hospedarme en el primer hotel que estuviera a mi alcance con los costos económicos que eso significaría… cuando de pronto, gire por una calle  y vi un luminoso neón azul… era de noche y París está plagado de neones, pero ese llamó mi atención. Estaba a mitad de cuadra, no notaba bien las letras, estaba agotado, no leía bien el francés, ya no creía en la suerte, me fui acercando con mis quince maletas y mis doce mochilas, pegado de sudor….¡no!... Exclame, fuerte y claro…. era mi hotel…

Fue un momento de recogimiento, solté todo lo que traía y comencé a amar nuevamente esta ciudad que por diferentes motivos se esmeraba para que no la quisiera como mis fantasías…

Entré con ínfulas de aquel conquistador que ha recorrido mares en busca de la gloria de nuevas tierras y riquezas, pero yo no tenía nada, solo mi hotel y una reservación que esperaba que funcionara. No tenía pinta de nada, me veía como un turista cualquiera abatido por el cansancio la ansiedad de haber estado perdido y sin ninguna esperanza. Pero finalmente estaba allí, en un hotel que una vez dentro y habiendo descansado un resto en un sofá de poco glamour, comencé a observar su aspecto. Paredes altas, con terminaciones que notaban un pasado glorioso, pero bien pasado. Ahora daba nostalgia verlo, con murales y frisos de dudosa reputación y cuadros que, sin ser experto en artes,  no me hacían cosquillas a mis sentidos.

La recepcionista era lo mejor del cuadro. No sé como pude tomar tanto tiempo en darme cuenta de esa preciosa francesa que tenia frente a mis ojos, de pelo fino, negreo azulado, delgada y facciones finas, aunque su delgadez dejaba notar sus pómulos un poco salientes, sus ojos pardos grandes y penetrantes, de corte muy ejecutivo que denotaba ser una mujer de risa no fácil. Mientras la describía en mis pensamientos, alzó su cabeza y me miro fijamente y con voz suave pero decidida, me dio la bienvenida en un exquisito Francés. Yo le contesté en mi ya comentado inglés rudimentario, por lo cual ella hizo lo mismo y comenzó la rutina del chequeo en un perfecto inglés. Prontamente esa cara dulce se fue convirtiendo en una maquina de preguntas que solo miraba la pantalla de la computadora   y hacia caso omiso a mi cara de enamorado. Pero el romance duró poco ya que al ir describiéndome las condiciones de mi habitación, no me quedó más remedio que ir preparando mi psicología interna para enfrentar lo que venía… una pieza de cinco personas, con un baño semi privado, sin casillero para guardar mi equipaje y sin desayuno por la mañana…¿podía ser peor?. Sí, antes de darme la llave me pregunto si quería sabánas para la cama... yo lo miré incrédulo contestándole que sí, pues bien, me cobró por las sábanas. Ya a esas alturas no me quedaba asombro, por lo que tomé mis cosas y me fui rendido a mi habitación que, para colmo, de las cinco camas solo quedaba la mía desocupada.

Era en el cuarto piso, no había ascensor y yo con mis dos inseparables maletas, mochila y mis sabanas debajo del brazo subí las eternas escaleras. Me acordaba del metro, cuando llegue a esta otrora hermosa París, subiendo las escaleras y viendo la luz que me esperaba. Ahora era parecido  pero no veía luz sino un sinnúmero de preguntas combinadas de angustia y desesperanza. Al llegar, golpié, estaba nervioso, ya no quería encontrarme con sorpresas, sentí un movimiento y de pronto me abre la puerta un joven de pelo largo y rubio de ojos cafés y anteojos redondos…

-       …Hi ¡

-       Me dice… hi¡, le contesto con la poca amabilidad que me quedaba…

Al entrar veo el dantesco escenario. La habitación no aguantaba cinco camas, de hecho solo veía cuatro… miro al gringo y moviendo mis manos trato de hacerme entender que no encontraba mi cama… el gringo con cara de preocupado me dice:

Is down¡¡ is down¡¡

 No entendí en un principio, pero luego vi debajo de una cama que había otra, que era la quinta y esa era la mía. No podía ser, si la sacaba obstaculizaba el pasillo y nadie podría pasar hacia baño que era otro desastre. Semi privado implicaba que tenía una puerta abatible, sin pestillo y corta en sus extremos… entrar al baño era como ingresar en una cantina del viejo oeste…

¡No!, ¡No!...¡No!, me dije, mientras echaba palabrotas que el gringo no entendía. Me senté en una esquina abatido, no podía creer mi desgracia, no podía creer que estaba en París, esto no era lo que esperaba, no era lo que me prometieron en las guías turísticas o en las famosas películas.

Mientras me lamentaba el gringo se acercó, me tocó el hombro y ofreciéndome una cerveza polaca me dijo:

-          Welcome to Paris, friend¡¡

… lo miré, cogí la cerveza y sin pensarlo la bebí para olvidar mi primera noche en la famosa y glamorosa ciudad de las luces…

 


Fuente del Artículo: http://www.editum.org/autor-646=Jaime-Fuentes-Ibanez.html
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Fuentes Ibáñez, Jaime. "Welcome to Paris, Friend…." Editum.org  03 Octubre 2008. 07 Febrero 2012 
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Fuentes Ibáñez, Jaime.  (2008,Octubre 03). Welcome to Paris, Friend…. Editum.org.
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